jueves, 20 de enero de 2011

¿Hasta dónde y hasta cuándo?



Esta es la noticia: "italianos sospechosos de matar a una niña en Cuba"

Las secuelas de la adversidad en una sociedad que se adjudica valores a precio de pan de flauta. Y a los mejores postores. Son unos patrañeros, pero ya esos epítetos nos los sabemos de memoria. El dolor que se siente cuando sabes que algo así ha pasado, que cuando tenías esa misma edad, usabas tu uniforme escolar, rayabas corazones en las últimas páginas de la libreta de matemáticas y festejabas, con la emoción que solo la verdad te falsea, un gobierno que hoy es la fuente de estas tragedias y de tantos desamparos. Me cansa escuchar, da asco la política local y otra cualquiera, los burdos sentimientos ante la necesidad y el hambre, la desorientación y la lucha individual por lograr un poco más, por aplastarte, por demolerte al precio que sea. “No tengo comida para mis hijos, que mas me da darte tres palos por comemierda”, “Si esa niña  se va con los turistas, no es mi problema, está luchando el pan”, y la ceguera y la carencia metida hasta el hueso nos mata, nos calibra. Malditos desgraciados que nos convirtieron en lo que quisieron, en el hombre nuevo cubano destructor de sí mismo.
No usará su uniforme escolar otra vez, no dibujará corazones en las últimas páginas de alguna libreta. Sus padres no la verán regresar a la puerta de casa con aquella última imagen de su ropa de moda, sus labios pintados, sus tacones. Pero sus ojos de niña perdida no habrá extranjero cabron, ni droga solemne, ni muerte espantosa, ni gobierno sórdido que se los haga borrar.

Nota: Fotos mias, tomadas en Julio del 2010, en la Habana.


Las Damas de Blanco otra vez dando la batalla.
Creo que le ganaron por mucho a sus alborotados vecinos estas valientes mujeres. La palabra LIBERTAD no pudo ser acallada.

viernes, 14 de enero de 2011

La otra. (XIII)

Hilda significa batalla. La heroína, la mujer que domina con bondad y justicia. La que siempre será fiel. Y ella hizo honor a este nombre sin siquiera saber cómo se le engalanó. Presta a resolver los problemas de otros, a dar. Mi abuelo la llamo así y jamás supimos por qué.
Solo algo  sorprendió de su asombrosa naturaleza y tampoco le preocupó alguna vez. Hacer el amor, o como sea que le llamaran algunos, no era lo suyo. Cuando se instaló en la casita fresca de portal y barandas frente al parque se embebió en sus quehaceres, mudanzas y misterios y demoró cinco días en ponerse su ropón rosa y embutirse a la misma cama del marido. Y no lo hizo sin que su cuerpo trepidara y los escalofríos le recorrieran el cuello y la espalda dejándola casi inerte, con un ahogo tan profundo que le arrinconaba. Aquél hombre de rostro sosegado y de bondad perenne metido entre sus sabanas se convirtió súbitamente en el talante intruso del demonio. Y nada que ella hiciera, cerrar sus ojos, cubrir su pecho, vapulear, apretar sus piernas y rezar por un desmayo le sacó aquel fantasma del dormitorio. El la dejó, notó su estremecimiento y su súplica, y le dijo que no había prisas, que se podía esperar. Y la abrazó, y la envolvió en colchas y cojines para que se calentara y se fue al portal donde encendió su tabaco pulsando ya para siempre su costumbre de murciélago.
La tía Aguedita corrió en su ayuda la próxima mañana y ella, las primas y la tortuga viviente de Caridad se sentaron en el patio trasero a preparar el corte para que “la niña África tenga su camisón de santidad” o chemise a trou como se le conocía desde el inicio de sus usos en épocas bien distantes, pero que en la isla algunas mujeres demasiado recatadas o temerosas seguían empleándolo en la privacidad de su hogar y a conocimiento único de las lavanderas y costureras como estas mujeres que haciendo halago de sus reservas cosieron, adornaron, enlazaron, almidonaron, y plancharon en un solo día sin decir palabra. En la tarde el camisón estaba listo para entrega. África lo desembaló con manos trémulas y lo estiró encima de la sobrecama turquesa. Quedó complacida, un largo camisón blanco de algodón que denotaba moralidad e higiene, cosido con doble puntada fina y adornado con encajes en el cuello y el dobladillo. El canalillo, abertura que sería de dominio de su marido, se enlazaba con unas cintas de azul claro y pespuntes que se alargaban por todo el frente del vestido y parecía un adorno natural del corte. Abrazó la pieza y sintió alivio. Esa noche podría hacer feliz a mi abuelo.
Preparó una cena de reyes. Asó un boliche a fuego lento, rociado de comino, orégano y naranjas. Lo salpicó con un poco de nuez moscada cuando casi estaba listo y lo sirvió en la fuente de porcelana inglesa, regalo de bodas la esposa del farmacéutico, acompañado con arroz blanco cocido en caldo de jamón. Rebanó tomates y rizó lechugas. Encendió la lámpara en la habitación principal que hacia veces de sala, comedor y costurero. Y con cautela para no espantar el olor de las especies se fue al cuarto y esparció colonia de rosas en los cojines y almohadas.
Esa noche, cuando acabó lo que su cuerpo ninguna vez nombró y que para su asombro nunca fue tan pavoroso, se arrugó en su lado de la cama como un ovillo sin fuente, frío e inútil, cerró sus ojos y viajó, con la melancolía de su alma hurtada, a las calles viejas de su Cárdenas de la mano su abuela mientras cantaba con sus primas los pregones del chino manisero y se desternillaban de la risa con la soltura de la inocencia. No quería remachar en su cabeza cada “por qué” que la razón le masculló a lo largo de estos años. Respiró enérgica, se volvió a acomodar retorcida sobre su vientre agotado y resolvió dejarle las respuestas al azar, a la existencia, a un Dios cualquiera.

Nota: El texto anterior es el siguiente a este.
“… El catorce de Julio de 1937, un día antes de que los japoneses atacaran el puente de Marco Polo e invadieran China y los franceses celebraran una vez más su fiesta de independencia con fuegos artificiales iluminando La Bastilla y mientras en Broadway la tristeza por la muerte del gran músico George Gershwin embargaba muchos corazones, África y Norberto se casaron. Ella me contó que tenía tanto miedo de irse a la casita nueva esa misma noche y de estar a solas con él que le pidió tres días para acomodarse y mudar su indumentaria y los regalos de boda, pues así, ya casada podía preguntarle a su tía que debía hacer. Siempre fue alegre, pero recatada. Conversadora pero reservada. Segura de sí misma, pero atenta al consejo. Eso sí, novelera, novelera….repartía la vida con todos sus cinco sentidos. Ella que tenía sus dicharachos para todo, de esta vieja historia siempre dijo: “Nunca se pierde, siempre se aprende”. Desde entonces él la llamó Hilda.”

martes, 11 de enero de 2011

Oscar Elias Biscet


Biscet nació en la Habana en Julio de 1961. Médico de profesión y luchador de conciencia a sus 49 años cumple una condena de 25 por defender el derecho de los cubanos a ser libres, a vivir en un país que anhele la democracia y en el que se respeten el derecho a la justicia y al ser humano. Hay mucho que decir sobre él. Yo creo que en la nueva Cuba que algún día ha de llegar él tendrá su lugar como hombre de lucha y de pensamiento. Respeto a hombres como él , aunque no concuerdo en todos sus puntos de vista, pero su grandeza se impone porque ni el miedo, la agonía, o el cansancio lo han vencido y porque abandonar su tierra no ha sido la opción a pesar de que en ello se ha jugado su libertad.
En este post les hablaba del documental “La Cuba de Oscar” el cual hombres y mujeres en Cuba, también muy valientes, han podido ver sin que el régimen, la policía o los gritos de supuestos vecinos enardecidos los hayan detenido, gracias al esfuerzo de otros tantos que se los han hecho llegar por cualquier vía posible.
Cada día es el día de Oscar Elías Biscet, es el día de Zapata Tamayo, es el día de todos los cubanos que dentro, máxime, de la isla arriesgan su vida y su exigua libertad para representar la inconformidad, el desconcierto y la tristeza de todo un pueblo.
El internet sobre todo y el trasiego de memorias, discos compactos, mensajes en celulares, etc. ha hecho que estas voces sean escuchadas por todo el mundo a pesar de la temeridad de los monstruos.
Cultivemos nosotros también nuestra semillita en nuestro pequeño lugar.


lunes, 10 de enero de 2011

Los juguetes que traían mis Reyes…



Increíblemente, despues de tanto tiempo,  al escuchar a mis amigos españoles hablar sobre el día de Reyes recordé mi oriunda tradición de repartición de juguetes pero por los reyes Castro. El gobierno cambió el día de los Reyes Magos por una distribución súper fiscalizada (aunque no exenta de traquimañas, tejemanejes y contubernios) de juguetes socialistas una vez al año. Igualdad, equidad, falsa conformidad. Reubicó (según le parecía a la gente de antes)  la repartición al mes de Julio así nos creíamos que al terminar el curso escolar recogeríamos el fruto de nuestro esfuerzo. La venta duraba seis días, pero el proceso comenzaba unas semanas antes cuando llenos de incertidumbre todos los niños del barrio andábamos a la espera de recibir a través de “la libreta de la bodega” (de racionamiento) la noticia del día y número del turno que nos había tocado. Tenía mala suerte, siempre me tocaba cuarto, quinto o sexto día.  Nunca pude entender en que se basaba el sorteo o la repartición pues tenía algunos amigos cuya suerte les confirió siempre los primeros días y los primeros números. Esto era muy importante pues solo  podíamos comprar tres juguetes: el básico, el no básico y el dirigido. ¡Vaya usted a saber en qué se basaba aquella nomenclatura! Pero el básico era el mejor, el grande, el “dicen que hay muy poquitos”, era la bicicleta, o la muñeca más grandecita de pelo largo, o los patines, o la casita de juguetes plásticos de tres pisos, y la carriola y el cochecito…Los otros eran cositas pequeñas: “las cuquitas”, un juego de yaquis, una pelota de playa, una cajita de bolas (canicas)…
Un día por fin tuve mi casita plástica de tres pisos con todas sus habitaciones y sus muñequitos bolos (rusitos) que solo tenían cabeza pero la casa tenía un elevador que subíamos y bajamos con un hilo de pita desde el techo. Yo adoraba aquel juguete. Mi tía consiguió el turno del primer día comprándoselo a “la tía Felicia” que criaba a cinco sobrinos y pasaba muchísima necesidad. No solo le dio el dinero, sino le pagó la luz del mes y le sacó los “mandados de la bodega”. Como todas las ironías de la vida una de sus negritas era mi mejor amiga  y nunca supimos nada del trueque hasta que mi tía nos lo contó cuando ambas ya teníamos hijos y aun la casita de tres pisos se podía encontrar llena de polvo, sin elevador ni techo en un rincón del garaje. Un día también, como todas las cosas de mi país, sin más aviso ni glorias se acabaron los “juguetes por la bodega”. Los días esperados de Julio se esfumaron junto con tantas cosas. No recuerdo que pasó, pero posiblemente nos hicieron entender cuan privilegiados éramos con respecto a los niños de África, de Haití, y de tantos lugares donde el sufrimiento era la comida del día. Y entonces callamos, bajamos la mirada y seguimos camino hacia adelante, hacia el futuro que era “el futuro del hombre nuevo”.
Y bueno, dejémoslo ahí, que solo quería contarles sobre nuestro día de Reyes allá en los meses de Julio en el calor de la tierra mas “hermosa que ojos humanos hayan visto” y de lo que eran capaces de hacer los padres cubanos para “forrajear” un turno de los primeros días…para a pesar de todo, hacernos felices, porque lo éramos… y hoy se los cuento porque a veces todo se enmaraña, se confunde y no quiero que se me desperdiguen estos recuerdos…quiero quedarme pegadita a ellos como hacía con mi nariz contra la vidriera del “ten cent “ de La Copa mientras soñaba cual juguete de aquellos alcanzaría para mi…







jueves, 6 de enero de 2011

Enero...


No estoy triste. Otra vez Enero. Antes albergaba los cumpleaños de M.A. y de J.  y el aniversario de bodas. Hace tres años hospeda tu ausencia. Pero no estoy triste. No lloro doblada sobre mi estómago mientras agarro tu foto como si todas las imágenes del mundo amenazaran con una desbandada. Hoy irrumpió aquella tarde de fresco, tú detenida en el portón de hierro de la escuela con aquella saya de corduroy carmelita, la blusa blanca con cinta de falletina y botones forrados. La locura cruzando la avenida atestada de gente cargando maletas, sospechas y augurios. Subimos aquella loma en segundos sin mirar atrás, sin conversar, sin tregua. A resguardo en casa todos juntos, la expectación del teléfono o alguna señal a la puerta. Con los primeros días de calorcito también brotó la calma. Ya no me llevaría. Y la vida cambió, los eventos de los tiempos nos enmarañarían los ánimos con una mezcla de arrojos de felicidad y arranques de incertidumbre pero estábamos juntas. Se me mezclaron el miedo y la alegria. Contigo estaba a salvo. Todo se revolvió como azúcar prieta en café amargo. Y nos tomamos la tacita de la tarde mientras afuera todo acontecía igual.
Hoy, tres Eneros después de tu partida, tu imagen detenida en aquel portón y tu rostro sacudido emergió como la espumita sacada de la primera colada. No estoy triste. Te llevo un sorbito mañanero, como acostumbrabas, mientras ahogo mi vista en este añejo retazo de daguerrotipo y sueño que te abrazo y te abrazo y te abrazo…  

viernes, 17 de diciembre de 2010

Cuando un amigo se va...

Para F. (desde este post)

Donde estés, a donde vayas…te acompañarán todos y cada uno de los que te amaron. Todos y cada uno de los recuerdos de los que te amaron serán abrigo. Ve tranquilo.

jueves, 16 de diciembre de 2010

A must read

Discurso de Mario Vargas Llosa en la entrega del Permio Nobel.
7 de Diciembre del 2010.
(fragmento)
Lo recomiendo muchisimo...

“…Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión. Quienes dudan de que la literatura, además de sumirnos en el sueño de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresión, pregúntense por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginación discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor.
La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan…”



miércoles, 15 de diciembre de 2010

Una Navidad cubana

No sabía lo que era la Navidad. Alguna noche de algún 24 de Diciembre escuché pálidas evocaciones de pavos asados con naranjas o rellenos a la francesa con carne y foie gras, y suaves murmuraciones de mi tía, que siempre fue de muy buen comer, añorando los exquisitos turrones de la temporada. No se hablaba de los árboles de Navidad ni de luces y mucho menos de ningún Santa Claus metiéndose por una chimenea trayendo regalos. La Navidad no significó nunca nada. (…ni siquiera sabia por qué la cantaban José Feliciano o José Luis Perales…). Diciembre era el último mes del año, era la expectación del 1ro de Enero para celebrar la Revolución, el Socialismo y dar gracias a Fidel.
Ahora la Navidad para mi familia es algo diferente. Aun no le damos un significado social o religioso, pero aprendimos a esperarla con un júbilo distinto. (Aunque nuestro hijo que vino con cuatro añitos disfrutó muchísimo escribir cartas a Santa y esperar sus regalitos la mañana el 25). Después de tanta vida a oscuras nos dejamos deslumbrar por la iluminación, el colorido, la fluorescencia. Nos dejamos consentir por la época del año y nos procuramos regalitos y antojos. La Navidad nos regaló otro motivo para reunirnos familia y amigos y comer frijoles, yuca y piernita asada como los días en que las abuelas nos consentían. Nos contamos los últimos encuentros y noticias de la isla y rememoramos los antiguos diciembres. Cantamos boleros, bailamos casino y nos complacemos con la extraña conmoción de poder brindar por una Cuba Libre sin miedo al vecino. Nos abrazamos, nos queremos, nos besamos.
No me he cuestionado mucho de dónde viene, por qué o cómo apareció la tradición. No lo necesito a estas alturas. Quiero que siga siendo lo que ha sido estos últimos años. Quiero que la magia que nos trajo (y que nada tiene que ver con tiendas abarrotadas, derroche, o enloquecimiento) podamos compartirla como hasta ahora cada noche de 24 de diciembre con música, canto, carcajadas y un traguito de ron.
Por si las ocupaciones de estos días no me dejan pasar por aquí les deseo una Feliz Navidad, Noche Buena o como le llame cada cual, una radiante y plácida noche de fin de año y un esplendoroso 2011 a todos. Todos ustedes, que cada día me han hecho sentir que puedo comunicarles algo y además lo consiguen apreciar. Mis agradecimientos y un abrazo cubano.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

El invitado "especial"

Deberíamos sencillamente pasar la página del periódico y dejarlo así, ya que ellos han logrado entenderse. Pero como mi estómago se tuerce y aquí también es un sitio donde me gusta conversar, no puedo sencillamente dejarlo ir “así no más”.

¿Ya vieron a Raúl Castro celebrando Hanukkah con la comunidad judía en la Habana? Con traje formal y kipá encendió la primera vela de la menora. ¿Qué bendición recitaría este asesino de sangre fría al encender una luminaria en un día y lugar como este? ¿En que piensa la comunidad judía cuando deja entrar en sus recintos a esta clase de gente, en que piensa la comunidad judía cuando accede a este tipo de circo? No tengo más elementos que los que leo en la prensa, que las pruebas gráficas del hecho, pero que me perdonen si me comporto intolerante. ¿Los judíos, precisamente la comunidad judía de Cuba? Los Castros, una familia, un gobierno que persiguió cualquier creencia religiosa, que mató la fe, que metió en cárceles a hombres y mujeres por poseer una medallita de San Judas, o un crucifijo o tenían cuadros de Jesucristo en las paredes de su casa (al que muchos niños nacidos con la Revolución confundían con Camilo Cienfuegos). No, no estoy de acuerdo con el rencor, pero no dejaré entrar al asesino de mis hermanos, de mi familia, de mi pueblo a celebrar mi tradición, mi más íntima espiritualidad, cualquiera que esta sea. La comunidad judía tiene a uno de los suyos preso en las cárceles cubanas hace casi un año. Un judío norteamericano, Alan Gross fue detenido en el aeropuerto de la Habana a punto de regresar su casa. Se encontraba en Cuba para instalar y dar servicios de equipos de comunicación justamente a la comunidad judía en Cuba, la cual ahora no lo reconoce. Gross fue arbitrariamente preso, digo, secuestrado, y aun continua en un estatus desconocido, sin cargos oficiales, sin juicios previstos.
Su esposa, que por primera vez se encontró con él en Cuba en el pasado mes de Agosto, ha pedido al gobierno cubano que lo libere, le ha escrito personalmente al verdugo Castro implorando el regreso de su esposo que además tiene una hija con cáncer. La señora Hilary Clinton, el secretario de Estado adjunto de Estados Unidos para Latinoamérica, Arturo Valenzuela, y muchos más han pedido ante gobiernos ayuda para este caso, han intervenido en la ONU, han propuesto negociaciones, pero nada es suficiente para estos sicarios. Dicen las malas lenguas que el asesino quiere algo a cambio: sus cinco "heroes" espias/terroristas condenados en los Estados Unidos. Seguramente. Por el momento, vuelvo a preguntarme ¿qué hacia este monstruo que, como diría mi abuela, "no cree ni en la madre que lo parió", celebrando junto a los judíos en una ceremonia religiosa donde la tradición elogia la independencia?

viernes, 3 de diciembre de 2010

Del Coney de la Habana a Disney...

No, no fueron dos semanas de vacaciones. Solo una y luego la semana del regreso de las vacaciones que como muchos saben, sobre todo las que nos quedamos en casa, es como reencontrarse con la barbarie de un “breaking and entering”. La salida de siete días atrás dejó los trastos del desayuno sucios, la basura sin botar, la hecatombe de ropa por los "mete y saca" de última hora en las maletas, y el closet de la cocina atropellado después de rebuscar provisiones para más de 10 horas de viaje. La semana del regreso de la semana de vacaciones es el banco, el correo, el baño del perro que dejamos con los amigos, la compra del mercado, y el “pontealdia” por teléfono… Nos fuimos a la playa primero, que como cubanos cuadraditos, adoramos y nos deleitamos desde el balcón al mar con un café o un vino pero no metemos ni la puntica del dedo en el agua, que está congelada y no es transparente. De allí nos fuimos a Disneyworld. Por tercera vez. Con más de cuarenta años en las costillas y un hijo adolescente aun seguimos disfrutando de este lugar cada rincón: desde los que hacen correr tu adrenalina como caballo desbocado hasta los que te cuentan como los astronautas se pueden sentir en sus cámaras o te recrean un proceso de evolución lleno de aventuras y sorpresas y los que te dejan boquiabierto con exóticos pájaros amaestrados y recuperados de la extinción. No hay tiempo para aburrirte y puedes comerte tres helados diarios que con tanta caminata estoy segura que no hay mucho de qué preocuparse. Y los detalles, cada uno de ellos, son impresionantes.

Por supuesto, Disneyworld también tiene sus detractores, pero como ven, esos no somos nosotros. Yo creo, que cada niño de este mundo debería tener el derecho y la oportunidad para llenar sus ojos también de estas maravillas. Y por supuesto, nosotros tenemos la esperanza de que algún día todos los niños de nuestra familia puedan conocer estos parques. Como nos dijo nuestro hijo, “si mamá, alguna día, aunque sea como ustedes a los cuarentas años”…espero que antes mijo, espero que antes.
Sí, porque nosotros ni siquiera conocimos las viejas "montañas rusas" de madera del Coney Island de La Habana que estuvo cerrado muchísimos años y según cuentan ha reabierto con la ayuda de algún “país amigo”, lo han renombrado "La isla del Coco" y donde además de entretenerse y divertirse todos los integrantes de la familia, también suceden cosas prodigiosas como algunos trasiegos, reventas, y otras pillerías. Mis memorias, como las de tantos, se quedaron apretujadas mirando de lejos los destartalados y herrumbrosos restos de "aparatos" del Coney y en el pequeño y pobre parquecito del Vedado al que haciamos un viaje de fiesta: "Jalisco Park".

Bueno, pues nada que quería contarles que cargamos pilas, nos hemos divertido mucho, y aquí estamos de vuelta a la rutina. Y seguramente habrá cuarta vez…