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martes, 11 de octubre de 2011

tregua


Hacía meses que no veíamos llover. Nos había crecido un cactus en la retentiva. Diez horas de lluvia y los venados han dejado de comerse mis plantas, y las ardillas no han vuelto a tomar agua de la piscina, y huele a fango y a hierbita húmeda. Y entonces me senté en el portal con una copita del Alexander Valley (mira que he aprendido cosas en esta tierrita) y encendí un cigarrito y disfrute la escena. Recordé los días en que la lluvia era algo diferente, no te apurabas por una sombrilla ni te importaba la blusa mojada y transparente, ni le temías a los truenos mientras te bañabas en la costa, ni escuchabas el “niña entra que vas a coger un catarro”. Y tampoco se por qué recordé un poema casi completo, uno de aquellos que durante los días universitarios también entonaba de memoria y otras mil cosas que la lluvia trajo y claro, se llevó porque así se filtran todas las aguas mareadas.


Usted Martín Santomé no sabe
cómo querría tener yo ahora
todo el tiempo del mundo para quererlo
pero no voy a convocarlo junto a mí
ya que aun en el caso de que no estuviera
todavía muriéndome
entonces moriría
sólo de aproximarme a su tristeza

usted martín Santomé no sabe
cuánto he luchado por seguir viviendo
cómo he querido vivir para vivirlo
pero debo ser floja incitadora de vida
porque me estoy muriendo Santomé

usted claro no sabe
ya que nunca lo he dicho
ni siquiera esas noches en que usted me descubre
con sus manos incrédulas y libres


usted no sabe cómo yo valoro
su sencillo coraje de quererme

usted martín Santomé no sabe
y sé que no lo sabe
porque he visto sus ojos
despejando la incógnita del miedo


no sabe que no es viejo
que no podría serlo
en todo caso allá usted con sus años
yo estoy segura de quererlo así

usted martín Santomé no sabe
qué bien qué lindo dice avellaneda
de algún modo ha inventado
mi nombre con su amor


usted es la respuesta que yo esperaba
a una pregunta que nunca he formulado
usted es mi hombre
y yo la que abandono
usted es mi hombre
y yo la que flaqueo

usted martín Santomé no sabe
al menos no lo sabe en esta espera
qué triste es ver cerrarse la alegría
sin previo aviso
de un brutal portazo


es raro
pero siento
que me voy alejando
de usted y de mí
que estábamos tan cerca
de mí y de usted

quizá porque vivir es eso
es estar cerca
y yo me estoy muriendo

Santomé no sabe usted
qué oscura
qué lejos
qué callada


usted martín
martín cómo era
los nombres se me caen
yo misma estoy cayendo


usted de todos modos
no sabe ni imagina
qué sola se va a quedar
mi muerte sin su vida.

Mario Bendetti, "La Tregua".

lunes, 12 de septiembre de 2011

Black out


Se llamaban “apagones”. Con el tiempo, el rigor, y el desamparo el pueblo marginó este sentimiento y comenzó a nombrar los “alumbrones”. Estar totalmente a oscuras en el calor abusivo del verano habanero, sin más ropa posible que sacarte, el estrés para desconocer que ya diste tres mil vueltas a la cocina buscando que comer mientras te mantienes alerta al diabólico sonido del aleteo de las cucarachas voladoras es la imagen más atroz que recuerdo de aquellos terribles años entre 1990 y 1995. Días enteros, noches enteras. Y como todo sucedía en nuestra isla, el “apagón” se hizo ley, y lo que se hacía ley era bueno para luchar contra el imperialismo y subsistir. Y llegaron los “apagones” planificados, por áreas, municipios, sectores, horas, días y ¡Oh alegría, días libres de ellos! Todo masticadito en el periódico para que te preparas con antelación. Recuerdo en mi último año de carrera a la profe L. de Economía Política cuando dejaba la tarea: “Oigan la gente de Playa y 10 de Octubre recuerden que los toca apagón esta noche, así que empiecen temprano a estudiar, no quiero inventos para la próxima clase, están avisados….” Y yo me iba con aquel mal sabor de no poder agarrarla por el cuello.
Sí señor, estábamos avisados. Que era lo mismo que mira a ver a qué hora le plantas la zambumbia a la gente en la mesa (que por muchos años eran recetas todas relacionadas con col) o si tienes la dicha de ver la novela brasileña esta noche, y a qué hora te levantas para llenar los tanques y cargar el cubo de agua para el baño, o a ver si estudias tempranito antes de irte a la escuela, o si esta noche podremos tener sexo en medio de este vaporón insufrible y ventanas abiertas y vecinos en los portales, y luego “caete pa’tras” cuando llegue el recibo de la electricidad.
Yo era joven y acarreaba conmigo el ímpetu de la resistencia aunque en sus últimos y finales estertores. Pero hubo días infames, los odié con toda mi alma, lloré por hambre y por consternación. Y aunque a muchos les parezca que el mundo tiene cosas peores que ver, en aquella hora en aquel cuarto mío, en aquella sala con la familia en medio de conversaciones donde no nos veíamos las caras durante horas ni podíamos dar un paso ni llevar a mi abuela al baño, sentía que nada podía ser peor, hasta que aparecían las desgraciadas cucarachas voladoras para hacerme sentir más pequeña, impotente y desmoralizada de lo que ya era.
Uno de esos días en que no se dormía amanecí tirada en el piso de mi cuarto y en cuanto apareció la luz de la mañana algo había cambiado definitivamente en mí. Aun no sabía que era. Agarré mi vieja y destartalada máquina de escribir, regalo de nuestro querido amigo A. el día que su abuelo pensaba tirarla a la basura y comencé a borronear como demente lo que me dejó la noche. No era un poema, que no soy yo poeta, pero al cabo de los años me di cuenta que había sido entonces la esencia del cambio, la catarsis, el día que aquel desgraciado apagón me devolvió definitivamente a la realidad, la que aun yo no quería aceptar, y todo el mundo en que yo había creído se me vino encima. Estaba triste. Era el mundo que mi abuelo me había regalado. La caída fue dura, de golpe y pendiente, pero de esa todos nos hemos ido recuperando.
Y bueno ahi les suelto otra de mis cositas personales y que hoy le dedico a mi esposo.

“Black out”

(1993)

Únicamente tenemos nuestros propios deseos.

Hemos perdido las palabras
Ya no podemos nombrar siquiera la tristeza
la desesperación
el enquistamiento
la vergüenza.
No me preguntes cómo ni cuándo ni para qué.
Sobrevivo de la ternura el rocío el sol
porque sin más aviso que el haberme despertado
me vino encima la violencia y el desgarramiento
no tuve más vocación ni voluntades, quedé tropezando y temiendo
al borde o lejos de todos los caminos.
Por suerte en estos tiempos de desamparo
estoy enamorada.
Al menos no cargo encima siempre
Noches sin descubrir estrellas
o mañanas de horribles torpezas
o muchas tardes sin reclamos de mi corazoncito necesitado.
Todavía no auguro des-llamadas o des-recuerdos
porque aun tengo pecho para repetir su nombre.
Pero aunque no se me ha muerto la esperanza
se sostiene la injusticia de aquellos
que también están al borde o lejos
de todos los caminos
y que además, en estos tiempos de desamparo
no están enamorados.
Que no pueden compartir serenamente las batallas
y estos primeros pasos
y que tienen en su rostro los más absurdos
síntomas de muerte.
No estoy segura si todo ha de ser
exactamente irrepetible
No sé si se trata de elegir o inaugurar
no sé si la barrera estallará como un relámpago.
Yo estoy finalmente, enamorada y perdida
en esta tierra que se está tornando demasiado áspera
en esta ciudad donde el silencio atrapa
a los que trabajan para cumplir solo con la mitad de su agonía
En este pedazo de mi misma
donde me aguarda por instantes
un sueño desprendido
y una verdad intocable
¿No podría ser acaso de otro modo?

sábado, 23 de abril de 2011

En vano.




La tempestad me aguarda
la fatiga se hace una clemencia larga. Te repongo
grafías
lasitudes y lo que fue ser feliz sin saberlo.

El viento sacude el norte el sur tu voz
tus auxilios quedaron sobre el cristal húmedo
las olas ensordecedoras
las huellas del odio y el vacío
El mar escogió acuchillar mis dobleces
la existencia de nadie
la muerte de un frágil papel embotellado
donde no rebotarán tus malditas palabras tu boca tu vientre.

lunes, 21 de marzo de 2011

Reencuentro

Solo allí recuerdo que ha de ser ese manto índigo verde plata cristal infinito el que nos volverá a reunir. Si no fuera por estos días donde dejo mis ojos y mis espíritus hundirse en gotas y espumas, donde alcanzo a hablarle a las rendijas del crepúsculo mañanero sobre cuitas, auges y corrientes, si no fuera por este pedacito de mar que le arrancamos a la suerte y al coraje, nos quedaríamos extraviados en este siniestro polvo amarillo que dura más de lo callado.

 Salobre se disipa entre mis dedos, todos los reencuentros del infinito nos alcanzan…

Mar De Mi Patio”
Y si llegaras mar
cuando mi cuerpo fuera tierra arada
y lloviera en mis ojos?
Alga y sal de prusia calentura
¿no te crecen las uñas?
Te veré frente a frente
presa en tus quemaduras, levantando las cejas
dejando ver los ojos con esa indiferencia.
Cómo tú eras cuando yo te elegí.
Diosa naciendo y destronando diosas
si tú al verme fijaras la mirada.
Ven hacia mí, no tardes
puedo perder las fuerzas.
Estoy sola bailando y en mi musgo
me pisan miles de pies desesperados.
Sácame este mareo
este jilguero tosco que custodia mi blanco
esta brújula adivinando el este.
Si te demoras se deshace mi estatua
este cuerpo que danza maravillosamente.
–¿Qué hora es que no llegas
perfumando las calles con tus pescados frescos?–
Mar de mi patio, mar atormentado
lo que me duele
es que mis días
se vuelvan más y más de tierra.

Poema de Elena Tamargo. La Habana, Cuba. Premio de Poesía de la Universidad de La Habana, 1984; Premio Nacional de Poesía “Julián del Casal”, de la UNEAC, 1987. Germanista y Filóloga; Doctora en Letras Modernas. Académica, ensayista y poeta. Traductora de la obra de F. Hölderlin. Entre sus libros de encuentran: Sobre un papel mis trenos, Habana tú, El caballo de la palabra, El año del alma, Poesía de la sombra de la memoria y Bolero, clave del corazón. Después de una estancia en Rusia y otra en México, ahora vive en Miami.

jueves, 10 de marzo de 2011

Mi ciudad, mi amor...

Hay días que no puedo salvarlo. Se me clava en espíritu y pena tanto que me enfrío por horas. Hay quienes me dicen que tengo que parar, que ¡ya basta! Pero y qué hago si no depende de mi carácter. La noche me devuelve retratos y sonidos, distingo a todos caminando sobre olas espumantes. Yo vivo contigo, amor mío, cimbrada en el mismo centro de mis senos y está será la injusticia contra la que nunca alisaré mis trampas.
Lourdes Casal fue una poetiza cubana que vivió enredada en dos mundos, dos culturas. Cuando escribió este poema, yo aun no había nacido, así que a mi mente vino la compensación de lo absurdo, este dolor es más viejo que los sepulcros, así que déjenme sobrellevarlo en paz.

Gustavo Segui (Sin titulo)
 Poema a La Habana

Que se me amarillea y se me gasta,
perfil de mi ciudad, siempre agitándose
en la memoria
y sin embargo,
siempre perdiendo bordes y letreros,
siempre haciéndose toda un amasijo
de imágenes prensadas por los años.

Ciudad que amé como no he amado otra
ciudad, persona u objeto concebible;
ciudad de mi niñez,
aquella donde todo se me dio sin preguntas,
donde fui cierta como los muros,
paisaje incuestionable.

Diez años llevo
sin catarla ni hablarla excepto en hueco;
cráter de mi ciudad siempre brillando
por su ausencia;
hueco que no define y que dibuja
el mapa irregular de mi nostalgia.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Vuela, vuela pena...


"Con usted, amigo Lezama, tan despierto, tan ávido, tan lleno, se puede seguir hablando de poesía siempre, sin agotamiento ni cansancio, aunque no entendamos a veces su abundante noción ni su expresión borbotante"  Juan Ramón Jiménez

Paradójico, incongruente que en estos días podamos leer en la prensa cubana las celebraciones que tienen lugar por el Centenario del nacimiento del escritor cubano José Lezama Lima. Uno de los grandes poetas, novelistas, ensayistas, artesano de metáforas e imágenes que rompe con todos los cánones tradicionales en su obra cumbre Paradiso.

"Voluptuosidad de lo extenso, pero no gigantismo de lo desmesurado. Sabe Lezama la deliciosa tentación de lo extenso y sabe también su peligrosa mano que lo empuja" Virgilio Piñera

 Hijo de un coronel nació en el campamento militar de Columbia, y estudió Derecho en la Universidad de La Habana donde participó en las revueltas estudiantiles contra la dictadura de Gerardo Machado. Se gradúa como abogado y se desempeña como tal durante muy pocos años. Fundó varias revistas, como Verbum, Espuela de Plata y Orígenes, alcanzando gran reputación y donde se reúne y funda amistades con muchos conocidos escritores cubanos y latinoamericanos.

 "Es indudable que la generación nacida de Orígenes ha dado con una manera de ver y de sentir lo cubano que nos redime del abominable realismo folklórico y costumbrista visto hasta ahora como única solución para fijar lo nuestro" Alejo Carpentier
  
Se casó con su secretaria, María Luisa Bautista, y vivió en Cuba toda su vida a pesar de tener que soportar humillaciones, murmuraciones veladas y acusaciones escabrosas, sobre todo luego de publicar su obra Paradiso, la que el gobierno “revolucionario” cubano y sus secuaces tildaron de morbosa, aislada, inescrutable y pornográfica, debido a la manera de afrontar el tema de la homosexualidad, y a lo que siguió por supuesto, como toda "buena sociedad comunista", una innumerable lista de acusaciones de actividades contrarrevolucionarias, persecuciones, prohibiciones, silencio, y oscuridad que lo amargaron hasta el final de sus días. Nunca supe quien fue Lezama Lima ( y la mayoria de mi generacion no lo sabia) hasta que empecé en la universidad y un amigo me habló de Paradiso, y esa fue la primera vez que intenté leerlo (ya van como cinco). Luego vino Fresa y Chocolate y el gobierno tratando de hacer un poco las paces con el resentimiento.
 
"Paradiso es, en principio, el viaje ritual que Dante Alighieri cumple en La Divina Comedia, al tener que descender a los infiernos para luego reaparecer dejando en prenda su luz en la oscuridad. Eso hace de Paradiso una obra auténticamente dentro de la tradición órfica, excepto lo señalado. El horror que en ella se manifiesta para el sexo de la mujer podría estar en los cuadernos de Leonardo de Vinci. Eran para Lezama los ínferos la relación sexual, fuese con quien fuese." María Zambrano  

Si, los que hoy le rinden homenaje quizás no fueron parte, quizás sí, yo no lo puedo saber. Y también vale que se rectifique, que se perdone, que no se cobren tantas cuentas. Puede ser. Pero la sensación que tuve al leer el titular no la puedo cambiar: participantes de no sé cuántos países, presencia de escritores de “prestigio internacional”, un día entero dedicado a la “obra Paradiso con cuyos méritos se honra la literatura cubana”…ahora. Y para cerrar…una peregrinación a la tumba de Lezama, quien sabe durante cuantos años cuantas veces profanada. Pues nada que estas son las cosas que tendremos que vivir cuando “las cosas cambien”, digo yo.

"Para poder leer hondamente Paradiso habrá que esperar que pasen algunos años, que se recojan en libro y circulen por todo el mundo latinoamericano las obras anteriores de Lezama y las posteriores que completan la novela, que se produzca esa contaminación de un orbe cultural aún indiferente por todas esas esencias que el nombre de Lezama convoca y concentra. Entonces, será posible empezar a leerlo en profundidad"  Emir Rodríguez Monegal 

Tragarnos lo pasado como sopa sin fideos, ahogarnos en la buena costumbre de perdonar el dolor, la mala leche, la poca conciencia. Puede ser, esto es lo que le espera a mi país. Y bueno, al menos algo me da tranquilidad si es que va a ser tan pacifico así, de odiarnos a querernos, ¿no?
         Ah, que tu escapes
            J.L.L.

Ah, que tú escapes en el instante
en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.
Ah, mi amiga, que tú no quieras creer
las preguntas de esa estrella recién cortada,
que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga.

Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño,
cuando en una misma agua discursiva
se bañan el inmóvil paisaje y los animales más finos:
antílopes, serpientes de pasos breves, de pasos evaporados
parecen entre sueños, sin ansias levantar
los más extensos cabellos y el agua más recordada.

Ah, mi amiga, si en el puro mármol de los adioses
hubieras dejado la estatua que nos podía acompañar,
pues el viento, el viento gracioso,
se extiende como un gato para dejarse definir.




lunes, 4 de octubre de 2010

La otra (XI).

Para Picon.

…porque nunca dejaremos de ser nuestras casas…

Desde los grandes ventanales de la terraza podíamos ver, los días de mucha lluvia, las aguas del río tragarse los guijarros, las dos orillas y la escalinata de piedra. Yo vigilaba espantada los tragantes de los baños y el vertedero de la cocina temiendo que aquella agua verde y pestilente se colara en cualquier momento. Cuando escampaba no se podían abrir las ventanas ni los tragaluces hasta el próximo día para evitar que el hedor nos engullera. El sol escurría los cristales y esos momentos los disfrutabas como nadie desde tu “maldita silla”. Me gustaba contemplarte desde la sala grande mientras organizaba mis muñecas para jugar a “la escuelita”. Podía ver tu cabeza redonda con sus rastros de pelo canoso, soportada por tus hombros anchos y el pedazo de tu espalda siempre a rayas que se perdía en el respaldo de tu sillón de ruedas para luego encontrar unas piernas sin vida, habituadas al hierro y al cuero, penando en los descansos metálicos de apoyo. Yo jugaba a mirar con el rabillo del ojo calculando el tiempo que permanecías inmóvil. La terraza extensa y redondeada abarcaba todo el fondo de la casa o como le llamaban en aquel entonces de la propiedad horizontal. Era un edificio de tres pisos y una casa en cada piso, nosotros estábamos en el primero encima de los garajes que eran una especie de sótano y donde vivía, en un cuartucho viciado y sombrío, el viejo Elizardo, añejo “encargado” de la propiedad y esencia de las bromas más horribles. Luego teníamos la gran explanada que finalizaba en el lateral derecho con las cuarterías que en un tiempo habrían sido de los empelados y que ahora ocupaba la familia de la abuela Evelia. Por la estrecha escalera que nos comunicaba al sótano y a las cuarterías yo desaparecía corriendo cada vez que tenía permiso para jugar con los muchachos de Evelia, mis únicos amigos durante todos los años de vida en la casa del río. Ya ninguno de nosotros vive allí, ya ninguno de nosotros vive en nuestra tierra, ya alguno de nosotros no vive.

Las casas son como los libros viejos que vivifican las memorias y las presencias en medio de las tormentas más rancias. Garabateo nombres en el aire que se clavan en todos los rincones, que se arrullan como manchas igual que la lama en los inmensos cantos de vetustas catedrales, tarareo lánguidamente trocitos de canciones con el mismo impalpable gesto con que las palabras se acunan en las páginas más desusadas y virtuosas. Llevo mis casas conmigo, las armo, desarmo, las alimento, las reparo y las defiendo, como hacen los caracoles con sus carapachos anillados mientras la vida les alcanza. Y con ellas te transporto a ti, a mi tacita de aro plateado y monito rojo, a Juan Antonio, a Chari, a todos los antiguos “long play’s” de boleros y zarzuelas y a Mami. Su delantal sigue siendo la bandera en los portones de nuestro castillo y sus brazos abiertos la inauguración del libro que le agasajo cuando mi pupila hechicera cree haberla descubierto.

“Las casas”

Las casas se pusieron inhóspitas
y tuvimos que abandonarlas a su suerte.
Primero fue la casa de los patios
donde la infancia ponía expectativa en ciertas plantas
que todavía ofrecían protección.
y en una muy querida forma de llamarnos a la mesa.
en otra casa las chirimoyas ordenaban una majestad
y el juego de los hermanos se escuchaba
como una premonición que sería demasiado dolorosa
si alguien insistiera ahora en recordar.
Después fue la casa donde la humedad del río
se nos pegaba al cuerpo como la piernas
de una mujer que nos enloquecía,
y hasta la sombra crujía de deseo, y una lengua
nos buscaba la lengua
con la voluntad desesperada.
Y las otras casas, con amigos hasta el amanecer,
con hijos, con poemas,
con pequeños olvidos (apenas distracciones
que sin embargo después venían a buscarnos desmesuradamente)
De todas las casas nos hemos ido.
y cuando creíamos que ya nada quedaba de ellas
apareció una hoja en el suelo, un grito subrepticio
en un cajón, el cuaderno de la escuela
con los cuidados de la madre, un botón, el canto del gallo.
Qué hacer entonces,
si no queremos coleccionar fracasos
ni objetos distraídos que se olvidaron de morir,
sino juntar los pedazos que sobreviven dolorosamente
y dejarlos caer por la ventana de este cuarto piso
como quien tira una corona de novia al mar,
como un globo lamentable que aligera su carga.
Restos queridos a los que decimos adiós con memoria trastornada.

SANTIAGO SYLVESTER (Argentina, 1942-)

jueves, 30 de septiembre de 2010

Mi pájaro azul

"…el tiempo es un balcón, donde
se posan las palomas del recuerdo…"       
Manuel Vidal (Cuba, 1929-2004)

Se fuga Septiembre y se lleva a su antojo las jornadas revividas. Pájaros, ballenas, manatíes y palomas preparan sus audaces bártulos sin que les angustie una voz, un día miserable o las ausencias. Septiembre se va con toda las lunas que se ahogaron en la plata soberbia del mar. Allí donde estés, donde pusiste tus raíces, tu lágrima necia, tu esquela debajo de la piedra, allí volverás, allí harás nido como hacen los pájaros el resto de sus cortas e intrépidas vidas. Donde tu corazón duerma su primer invierno, volverás para sosegar tus alas. Septiembre vino con el ahogo de la prisa y la ternura del abrazo.
A veces crees que solo con dejarte llevar, alcanzarás. Pero hay que aletear, posarse y confiar. No quiero que lo escaso nos abrume y lo irrisorio nos aparte arrasando con nuestros pájaros azules. Quiero estar aquí, mover mis dedos sin freno, no resignarme a la fatiga inexistente, las voces y monomanías, pero no sé, no sé, no sé…
Octubre se convertirá en el día placentero de mañana, y volveré a sujetar algo de esta parte que soy porque tú la posees. Yo soy feliz así aunque sobrevuele con zozobra. Yo tengo esta desheredada destemplanza dentro y no la puedo mover o derribar, pero los amo.

"…hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie
te vea…
…hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que esté ahí dentro…
…hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste…
…luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú?"

Charles Bukowski (Estados Unidos 1920-1994)

sábado, 18 de septiembre de 2010

“Las criaturas de islas…”




“Se me ha anunciado que mañana,
a las siete y seis minutos de la tarde,
me convertiré en una isla,
isla como suelen ser las islas.
Mis piernas se irán haciendo tierra y mar…”
                                           (Virgilio Piñera)



“Al pie de las murallas
el aire tartamudo
desliza sus sirenas,
plata mansa sin hoy
mana sus lunares
entre lunas cansadas
sin balcones. ¿Qué será,
qué será? Bajo el arco
y pestañas, la tarde,
-codorniz de Ceilán -rompe
en flechas sus colores.”
                                        (José Lezama Lima)



“Me naces de repente
en la alta luz herida
que entrega al alba el cobre
de tu color trigueño.
Olvido la distancia y sueño que te habito.
Me llegas en la llama
y en la flor y en el viento.
Mi corazón te ciñe de amor cada mañana,
patria de las espumas,
tierra pequeña y tibia.”
                                    (Rafaela Chacón Nardi)

 




Mi Isla tiene un verde limpio
La Luna baja a sus riachuelos
a lavarse la cara
y a perfumarse el pelo.
En los frescos valles de mi Isla
Hay fuego de perfumes
Y éxtasis de románticas palmeras”
                                          (Ernesto Víctor Matute)


Va al mar, viene del mar y mares pequeñitos se amansan en su pecho, duermen a su calor, como palomas.
Los ríos de la isla son más ligeros que los otros ríos.
Las piedras de la isla parece que van a salir volando…
Ella es toda de aire y de agua fina. Un recuerdo de sal, de horizontes perdidos, la
traspasa en cada ola, y una espuma de barco naufragado le ciñe la cintura, le
estremece la yema de las alas…
Tierra firme llamaban los antiguos a todo lo que no fuera isla. La isla es, pues, lo menos
firme, lo menos tierra de La Tierra…”
                                               (Dulce Maria Loynaz)




martes, 14 de septiembre de 2010

¿Qué soy sino lejanía?


Donde habitaban las páginas trilladas estás tú.

Maratones de ausencia presagiaron
las letras que perpetuamente
se llevaron tu voz.
A través del cristal el sonido del agua
soy todo lo que dejaste tocar, todo lo que renunciaste sentir.
No volvieron las tertulias los cigarros la marea de gritos.
Todo fue la misma cosa, simulacro, quimera.
No es la voluntad lo que descansa sobre el muro
es la vida
y nada más.
Tarde para murmurar más arrojos, bravuras
defenderme con la avenencia del alba
¿Qué soy sino lejanía, el desconsuelo en pedazos
la congoja de otros, el recuerdo de una ola
el rostro mío en tu espejo?
Este libro me sacó del mundo y te repuso
estas páginas trilladas donde estás y no
lejanas aventuras de mar y sonidos
donde arrojamos todo
y nada.

      

viernes, 30 de julio de 2010

Escrito para ti



Mi amiga L. me ha dado un regalo lindo. En aquellos años en que trabajábamos juntas nos encantaba leer poesía, y cuando teníamos alguna que nos gustaba mucho la reescribíamos en la vieja máquina de escribir de J. y las poníamos debajo de los cristales de los escritorios.
En este viaje me obsequió con una compilación de Casa, una nueva edición del 2007 de poetas hispanoamericanos: “Poesías de amor hispanoamericanas”, con prólogo de Mario de Benedetti.
“Escrito para ti”, de Alejandro Romualdo, poeta peruano, premio nacional de poesía y representante de la “generación el 50”, es uno de los poemas que quisiera compartir.

Para todos los que no están, mis amigos, mi familia, mi isla, mi mar.

Se abre la mar (El alba se despliega
como una ola sobre el mar).
Qué bien me siento
cuando estoy así. A tu lado
hablaría y hablaría
siglos enteros junto al mar, por todos
estos acres, secos años que han pasado
como cuchillos.

Silencio largo. Aire
reprimido.

Áspera mar, inmensa
y ávida hembra que cubrió mi pecho, yo
te amo
para mí quiero el aire que respiras
el aire limpio y libre que respiras, tú
levantaste un sueño entre mis ojos
para mí, soñaste
para mí,
tú me ayudaste a levantarme, cuando
aquellos querían hundirme (por la luz
que me alumbra), me diste
un poco
de pecho,
para respirar.

No quiero nada. Nunca. Nada,
sino otra vez tu cuerpo, tu alma de paz,
como un tranquilo mar abierto. Amor,
en esta inmunda cárcel no me faltes, eres
una ventana al mar, a la mañana. Palabra
por palabra, será verdad
tanta belleza. (La tarde se despliega
como la cola de un pavorreal).
Mi bien
yo te escucho
tu mano sobre mi hombro, tu cabeza
en mi pecho, como
una mansa paloma.

No quiero vivir más
sin ti.
Los pocos años que uno vivirá
no valen nada si no estás. Es todo
lo que puedo decir abiertamente (La noche
se despliega
como las alas de un cormorán). Por eso
he decidido hablar y hablar y hablar
solo, como el mar
con el mar, hoy que me siento
a tu lado, que me tiendo
a tu orilla,
a vivir.

viernes, 15 de enero de 2010

Un añito más...

Ayer celebramos un añito más. No tuve mucho tiempo de andar por aquí. Pero no quiero pasarlo por alto, y sin el permiso del destinatario lo que posiblemente me facture alguna contienda…les dejo esto, algo que le dediqué hace unos tres años un día como el de ayer, pero que aún nos gusta leer juntos. Para todos los que como nosotros coleccionan celebraciones únicas.

No se si te mereces un poema
O mejor dicho, no sé si te mereces que haga este ridículo de poner palabras
Y no mi voz
No dije ni predije ni auguré
Que sería perfecto
No sé si me devolvería sobre los pasos que no di
Si repetiría o cambaría
los recursos, las aguas que nos envolvieron, las razones, las caricias
Nunca trate de demostrar
Solo de hacer
Quizás no dije muchas cosas pero tú me escuchaste
Tú supiste
Tú has sabido dónde cómo cuándo
Yo soy esta que soy y te acompaña
Si mirando hacia atrás
Nos viene encima el recuento
Ese escoger que “un día más te vale”
Creo
Y fíjate que digo
Creo
Yo volvería a escogerte
Me quedaría contigo
Y otra vez
Contigo
No tuvimos muchas cosas
(digo esas cosas que se tienen y la memoria adueña)
Y hemos tenido tantas
(digo esas cosas que tenemos nosotros)
No compartimos el mar rozando las rodillas
Ni tenemos “nuestra canción”
Ni nuestro amor fue a primera vista ni el primero
Ni caminamos como los adolescentes
sin ver la gente ni el futuro
Ni rasgamos la corteza del árbol donde no había más que hormigas
escribiendo nuestros nombres
Pero hemos tenido tanto
Y hemos tenido el AMOR
Y nos ha levantado y tirado, y movido y derrumbado y deleitado
Y nos ha mirado de frente
Diciéndonos
“yo soy el muro, la piedra, el dolor”
Y nos hemos removido pedazo a pedazo sin angustias
La soledad y los miedos
La vergüenza y la piel
Y no cambio
Ni entrego
Ni acomodo nada
Esto que tengo que me diste
y que se nos descubrió cuando nos desnudamos
(esa primera vez tan revolucionariamente a la cubana)
Y ya te he dicho mucho
Si es que la palabra que no digo es lo que soy
Y si aun te pareciera que no te he dado más
Mi amor, hoy ya te lo estoy debiendo
Esta noche
La próxima
Las miles que se inclinarán
Para darnos la buena bienvenida
El pláceme riguroso de las manos y el sudor
Como solo nosotros sabemos
Agarrarnos a los sueños
Y darle la sacudida a la VIDA.