Mostrando entradas con la etiqueta Book Club. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Book Club. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de marzo de 2012

La mujer del coronel



Una novela de Carlos Alberto Montaner.

“Es una novela sobre la libertad, sobre la libertad de las personas para tomar sus propias decisiones en las circunstancias más dramáticas. En Cuba, uno de los controles más lamentables que existen, una de las faltas mayores, es la falta de libertad afectiva. Un régimen que es capaz de decirle a la sociedad –ustedes no pueden tener contacto con las personas que se fueron del país, usted no puede volver a tener contacto con sus hijos o con sus hermanos o con sus padres porque esas personas se fueron del país…porque son desafectos al régimen- entonces cuando un sistema entra en el corazón de las personas y les dicta a quienes tiene que amar y a quienes tienen que rechazar y a quienes tiene que aplaudir aunque no los quieran y aunque los detesten, cuando un régimen se adueña de la afectividad de las personas ha liquidado cualquier vestigio de libertad. Después de eso la libertad económica, la libertad política ya eso no significa nada porque ¿qué puede haber más importante que el derecho a hacer con el afecto y con el corazón lo que uno desee? Por eso decía que esta es una novela dedicada a explorar la libertad”.*

Y comencé a leerla con la desconfianza de ojear lo mismo con lo mismo, esa mezcla impaciente de daños, repercusiones, infortunios, niñas prostituidas, vecinos desafiantes ante cualquier pista de tenencia, familias en ofensivas diarias por un trozo de pan, balsas, balsas...muerte. La realidad que conocemos aunque la vivamos a ciertos pasos de distancia y que desde este otro lado de la orilla me mudó el espíritu en desafío y culpa. Y hallé un asomo distinto. La mujer del coronel lo tiene, lo devora y no lo dice, no me lo ralla con el lado sin filo del cuchillo. Desmenucé palabras dispares, repasos rancios que venían de otras voces, parajes de los patios y entrecalles húmedas, de aquel vecino vestido de verde con olor a charco que no nos dejaba correr por su pedazo de acera, de la trágica historia en el velorio de la hija de A., del mar y aquella frase “tú te marchaste, yo me quedé” y las caras de todos cuando se oía en el Phillips “Lagrimas Negras”.
Uno escucha, uno habla, uno comenta pero no siempre se detiene a pensar. Y por un rato me enfrasqué en que tal si el Coronel Arturo Gómez y su mujer Nuria hubieran sido los vecinos de al lado. No hay una vida que no haya sido tocada por el desafío, por el egoísmo de las ideas sublimes y costosas, por la mano que ofreció y timó. Tampoco han existido muchos pueblos que no sucumban ante tanta exaltación y fogueo.
La novela me devoro a mí. Una historia de amor que te estaciona en una época y un lugar en que no hubiera querido vivir. Una historia de amor llena de sensualidad, sexualidad y erotismo. Y de escenas muy gráficas y demandantes. A veces me detuve y cerré el libro. No por pudor ni candor. Por vergüenza, por cobardía, por pena ajena. Pensaba en Nuria, en la ambigüedad de sus sentimientos, en la tergiversación de su propia realidad, en su inteligencia desmantelada. Nuria no amó a un hombre, no engañó a nadie, amó el amor, la libertad de sentir, de poseer, de entregarse. Dejó de engañarse a sí misma por unos días. Y cuando todo el tumulto de pasiones, de amores filiales lejanos, de aires cálidos y dulces en viejos empedrados se soltaron la abandonaron sorprendida y vulnerable.

"…no Arturo mis padres no eran unos traidores. Eran simplemente unas personas que no querían vivir en Cuba, que no creían en la revolución… no, Lucia no es una enemiga ni una agente de nada…encontrarme con ella fue encontrarme con un pedazo mutilado de mi vida…no, no fui a Roma a engañarte…no Arturo, no soy una puta, no me ofendas…tal vez quería sentir emociones antiguas…necesidad de experimentar una felicidad distinta……yo no quería hacerte daño… no, te equivocas, no pretendía humillarte. La relación con Martinelli, cincos días miserables, no era contra ti, sino por mi…no vuelvas a llamarme puta…y ¿tus infidelidades, Arturo?...si…ustedes tienen la necesidad de regar esperma y nosotras de sentirnos amadas… ¿Por qué me fui a la cama con un viejo? Porque yo no andaba buscando belleza física, ni nadie que compitiera contigo…sabía que estaba mal lo que hacía, pero también sé que es absurdo exigirle permanentemente a las personas un comportamiento que es contrario a la naturaleza humana…lo que me parece terrible es que el ejército y el gobierno se inmiscuyan en las vidas privadas de los cubanos…tampoco es verdad que exista el honor colectivo… ¿a quién coño se le ocurre decir que una institución, una abstracción jurídica, tiene honor? Honor tenemos tu y yo, pero ni tu honor depende de mi actuación, ni el mío depende de las cosas que tú haces ni el de los dos depende de lo que podemos hacer con nuestros genitales…te equivocas, yo si tengo honor y no ha desaparecido…Mi honor consiste en serte leal a ti y a mi misma en las cosas fundamentales de la vida. En tener valor para abrazara mi hermana. En defender las cosas…que creo… ¡Soy una mujer coño, que una vez se dejo llevar por su corazón sin pretender hacerle daño a nadie!…Hay mil cosas peores que las infidelidades…"**

Un buen libro, se lee rápido, te mantiene alerta, y te sorprende. Nos cuenta una historia con un interesante equilibrio entre la prosa y los personajes. No puede leerse con mojigaterías o prejuicios. Y de día mejor, durante la hora del almuerzo y en público…

* Palabras de Carlos A. Montaner en una de las presentaciones de su libro.
**Ultimas páginas de la novela, en su enfrentamiento con el esposo. Se le conoce como el monólogo de Nuria.

martes, 12 de octubre de 2010

Las “chicas del perpetuo desorden” y el nuevo ciclo 2010-2011.

EL último viernes del mes como de costumbre pero sin rutina, nosotras las chicas soberanas y establecidas, “houstonianas” y del mundo, diligentemente espontáneas y perpetuamente desordenadas, nos fuimos a la casa de una de nuestras venezolanas para, además de hablar hasta por los codos como si es tradición, querencia, y rito, discutir acerca de la última lectura de este ciclo 2009-2010: “EL sari rojo”, del español Javier Moro. Porque somos un grupo, heterogéneo y nada contemplativo, las opiniones variaron desde el gusto y disfrute del libro hasta el aburrimiento por la historia contada aunque no la real. Fue un libro diferente, una historia con matices nuevos para nosotras y la confirmación de un autor ya leído en nuestro club. Una de las colombianas nos trajo una ensalada que creo que la salsa es de su propia inspiración, nos la devoramos. La otra colombianita llego con unos tamalitos mexicanos por encargo, pero siempre felizmente recibidos y dados de alta hasta el último trocito, y una de las chicas argentinas que es de las “dulceras bárbaras” del grupo nos trajo unos dulcecitos y unas bolitas de chocolate, buenísimas.
Ya tenemos lista de libros para el próximo ciclo, que comenzamos ahora en Octubre. La votación fue reñida, pero para eso nuestra “mandamas” tiene siempre sus artilugios y tuvimos un segundo chance. Este mes comenzamos por “La catedral del mar” de Idelfonso Falcones, y seguiremos con un libro de cuentos de Rosa Beltrán, “Amores que matan” que recomendé yo a sugerencia de lo que leí en el Blog de Belkys (En la columna de la derecha pueden verla lista completa de libros escogidos). Asi que ya estamos otra vez listísimas para todo un año de aventuras.
Otro día habrá por donde “cortar” (y me gustaria hacerlo) pero les digo amigos que la vida en los suburbios americanos no siempre es la que cuentan las películas o los revolucionarios críticos del capitalismo. Parte y parte. Hay y no hay. Pero no son los suburbios los que hacen a las personas. El “american way of life” no siempre es la proyectada vida vacía o superflua (que cualquiera puede tener en la mismísima manzana más concurrida y loca de New York) o la barbacoa en el patio y la “comedera” de popcorns en el amplio sofá, ni todos son barrios monoraciales, como algunos los llaman. Es cierto que hay que organizarse con más frecuencia la vida social pues no es fácil encontrarse y también es cierto que necesitamos del carro/coche para todo. Pero además de ir al centro comercial donde tendremos lo que se necesita y de que la oficina de correos nos queda más lejos que el cementerio, también somos mujeres amas de casa de pegueta fuerte, profesionales trabajadoras de medio tiempo o de tiempo completo, dueñas de nuestros propios negocios, y algunas muy activas en la ciudad, no solo salvando al perrito perdido lo cual es elemental, pero haciendo la diferencia en organizaciones femeninas, en la prisiones, y en la vida latina. Y, aprovecho y digo esto, pues hace unos días alguien me tiró un piropo un poco fútil acerca de las mujeres que nos reuníamos en un Book Club. Para nosotras, las que hace años nos acompañamos en este y lo custodiamos como un tesoro codiciadísimo, podríamos contestar muchas cosas, contarle otras tantas que nos hacen especiales y mejores, pero preferí conectar mi cara número 33 con una sonrisa perfectamente forzada y decirle: ¡que equivocada vives! y dejarla ahí… Ya saben chicas ¡la próxima, las mando a buscar!

"Cada ciudad puede ser otra"   Mario Benedetti

Los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Jaime Sabines

Cada ciudad puede ser otra
cuando el amor la transfigura
cada ciudad puede ser tantas
como amorosos la recorren

el amor pasa por los parques
casi sin verlos amándolos
entre la fiesta de los pájaros
y la homilía de los pinos

cada ciudad puede ser otra
cuando el amor pinta los muros
y de los rostros que atardecen
unos es el rostro del amor

y el amor viene y va y regresa
y la ciudad es el testigo
de sus abrazos y crepúsculos
de sus bonanzas y aguaceros

y si el amor se va y no vuelve
la ciudad carga con su otoño
ya que le quedan sólo el duelo
y las estatuas del amor.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Las chicas del perpetuo desorden...

… regresamos del verano todas resplandecientes y listas para hablar como periquitos. Los libros del verano fueron un éxito, entre las críticas y los elogios. “Mosaico” de Soheir Khashoggi fue una lectura amena, fácil, que nos atrapó sin misterios pero con deseos de conseguir un final mas verídico. A la historia le faltó dramatismo, suspenso, emoción, y diríamos que hasta un poco de realidad. Los personajes pudieron ser mejor armados y tener además de físico un poco de sentimientos. Hubo quien recordó a Corín Tellado, pero una mejor versión, moderna y de problemática actual. La trama, el tema, la historia, es buena pero no lograda. Quedó mucha tela por donde cortar, mucho jugo por exprimir. Pero todas las chicas estuvieron satisfechas de haberlo leído, actualizarnos frente al mapa acerca de Jordania y escuchar algunas de nuestras propias experiencias. El otro libro, sin dudas, solo necesitó de un buen estómago para enfrentarse al morbo del hombre, pero cuando tomas entre tus manos una escritura como ésta, una letra tan aguda y recóndita, una historia que sangra vida por todas partes, uno siente que vale la pena leer: “Memoria de mis putas tristes” de Gabriel García Márquez.
La mayoría coincidió en que es difícil comenzar a leer algo en que desde el inicio sientes que es aborrecible: un viejo verde de noventa años cuya fantasía es tener sexo con una niña de catorce y además, virgen. Aquí, ya estaría en la filita del “dead road”. Pero es gratificante cuando puedes apreciar la valía de un autor exponiéndote en carne y hueso, vívidamente, toda la humanidad y crueldad de un simple viejo lleno de bondad y aberración a la vez.
Además, como siempre, recordamos cumpleaños, cortamos tortas y soplamos velitas, describimos los últimos acontecimientos, referimos todos los eventos familiares del verano, los viajes de vacaciones, el comienzo de la escuela, los hijos que se fueron a college, los perros enfermos, los síntomas de la pre-menopausia, acordamos las próximas citas para ver a A. en el teatro y celebrar el cumples de R., y las próximas metas, entre chistes fríos y calientes. En dos semanas nos vamos a reunir para seleccionar los nuevos libros del año 2010-2011, como cada septiembre. Esa reunión siempre es buenísima, ver a cada cual tratando de vender la lectura de su libro, y para este año tenemos algunas ideas diferentes, ser más cuidadosos al escoger temas, regiones, tipo de lecturas, por eso andamos releyendo las listas históricas del Book Club. Nada, amigos, que este club está cada vez más arriba, claro sin perder nuestro carácter: el perpetuo desorden de las chicas.

Nota: Se aceptan sugerencias. ¿Has leído últimamente algún libro que nos debas recomendar?
Otra nota:“los eventos familiares del verano, los viajes de vacaciones, el comienzo de la escuela,… los perros enfermos, los síntomas de la pre-menopausia",…entre otros me han mantenido un poco alejada de este lugar que tanto me gusta. Las aguas van tomando su nivel y yo seguiré por aquí. Gracias a los amigos que me han preguntado. No, no estoy vaga, ni he dejado de tener ganas de escribir, ha sido solo eso…algunos días.

jueves, 8 de abril de 2010

El abanico de seda

Hemos terminado de leer el libro “El abanico de seda” de Lisa See. Buscando información sobre el tema acerca de esta no tan antigua, tradición china encontré una noticia que data de hace más de diez años, 1998, publicada por la agencia china de noticias Xinhua. En la nota se anuncia el cierre de la última fábrica de los zapatos pequeños que usaban las mujeres que se vendaban los pies. La producción de los mismos incluso había aumentado a finales de los ochenta y principios de los noventa ya que comenzaron a producir una línea de diseño para mujeres adultas, mercado que subsistía pues aun en 1950 en zonas montañosas remotas todavía vivían mujeres con pies vendados. Entre 1991-93 se vendían unos dos mil pares anualmente, pero a finales de los noventa ya no tenían mucho que hacer con este tipo de zapatos que ni siquiera servían para los niños. Me dejo azorada. Aun existía producción de este tipo de zapatos.
Por suerte para las niñas chinas los “pies de loto” o los “lotos dorados” ya no se considera uno de los ineludibles rasgos de belleza que pacta un buen casamiento. No puedo siquiera imaginar el sufrimiento de las niñas que a sus cinco o seis añitos comenzaban a soportar tan descomunal martirio.
A lo largo de la historia de las tradiciones, de las culturas de los pueblos más o menos antiguas, e incluso actuales hemos conocido o escuchado de costumbres o hábitos de vida que denigran al ser humano, y que sobre todo, porque casi siempre es así, son el fruto de la pretension de poder de unos sobre otros. Pero puedo decir, leyendo este libro y todo lo que he encontrado acerca de este período de la vida de China, que esta tradición es una de las más crueles que he conocido.
Diez años (y varias etapas) duraba el proceso de vendado y transformación de los pies, diez años primero de congoja y desconsuelo y la vida entera para sentirse inhabilitada, desarmada. Total, para llegar a otra casa y que otra mujer que ha sufrido lo mismo que tu te trate peor que a un perro.
Recuerdo una historia que  mi abuela me contaba sobre lo que tuvo que soportar cuando asistió a “la escuela de monjas” (así la llamaba ella y con esto no trato de descalificar nada, pues no se qué escuela era, ni que congregación, ni donde estaba). Me decía que a ella y su prima y otras más las trataban peor pues eran de las niñas de familias pobres. Las hacían ponerse unas batas de mezclilla a la hora del baño, tenían que bañarse así vestidas y gastar poco jabón. Algunas monjas las vigilaban siempre durante el proceso con una especie de fustas en la mano que mi abuela llamaba cujes y cuando ellas consideraban que las muchachas estaban haciendo algo incorrecto como: gastar más jabón de lo debido, demorarse excesivamente con las manos dentro de las batas enjuagándose, levantar los brazos para lavarse el pelo con algún “gesto pecaminoso”, dejar caer algo al piso, entre otras cosas, la monjas les daban azotes o cujazos. A mí esto me hacia llorar y me parecía el fin del mundo. Y lo peor era escuchar a mi abuela decir que “era duro mija pero aprendí bien y me  enseñó a ser fuerte en la vida”. Y a veces hasta decía: "era la costumbre de la época". Pero yo no me lo puedo creer.
¿Quién, cuándo, cómo, puede hacer valer, creer, establecer, dejar proliferar el abuso cualquiera que sea? ¿Cómo pueblos con culturas ricas, vastas, exportadores de productos que invadían el mundo, con adelantos en la investigación médica, con hombres cultos, filósofos conocedores de otras culturas y costumbres podían permitir , defender y ni siquiera alzar su voz en contra hábitos, costumbres, o tradiciones tan antinaturales, crueles, denigrantes, inhumanas? Pues bueno, yo tampoco sé. Les recomiendo el libro, pues la historia que cuenta es desconcertante, emotiva y desgarradora, pero necesario conocerla.

lunes, 8 de febrero de 2010

Agua para elefantes de Sara Gruen


Definitivamente recomendamos el libro. En nuestra humilde opinión, es un libro ameno, entretenido, casi todo el tiempo mantiene el deseo de seguir leyendo, de esperar algo más de la historia, a pesar del personaje de Jacob, un poco gris a veces, otras un poco falto de carácter y a veces, sobre todo cuando es ya un viejito, un poco más dinámico y que por supuesto nos llena de ternura. Y repito: en nuestra humilde opinión. Nada de crítica literaria, aguda, científica u objetiva, nuestra humilde opinión es plena de subjetividad, gustos, y puntos de vistas. Como grupo, sobre todo después de tantos años, la mayoría de las veces nuestras opiniones de manera general coinciden, a sabiendas de que la individualidad y singularidad prevalecen y es eso lo que más enriquece nuestras discusiones. Así, coincidimos en que la lectura fue agradable, que indudablemente es un libro bien escrito, con una estructura literaria bien integrada, que denota considerable investigación por parte de la autora (quien, supimos terminó de escribir este libro encerrada en un closet en busca de mas privacidad), y que nos muestra sobre todo, lo que uno necesita de un buen libro, anécdotas, leyendas, historias desconocidas, realidad o ficción pero que te adentren en un mundo nuevo, un festival de personajes diferentes, con características disímiles, que odiamos y amamos, y que son quienes nos dan la mano para llevarnos a ese circo, a ese tren, a esa época. A la mayoría el final les pareció un poco increíble y de solución apurada, pero vaya usted a saber que pretendía la autora, nosotros realmente no nos dimos cuenta, así que asumimos que Jacob lo soñó, que es una metáfora, o una alucinación.

Por otra parte, y no menos importante, les cuento que nuestra reunión estuvo “bien buena”. La responsable de la comida no cocinó, nos trajo unos burritos muy sabrosos y un arroz calentico, pero hacemos constar que fue comprado. Razones: justificadas. Nuestra próxima anfitriona viene al rescate de la práctica y a la revancha, ha dicho “que nadie lleve nada que todo va por mi”, y nosotros tan contentas. Pues este también es nuestro disfrute, saborear el arte culinario de cada una, que siempre es muestra de nuestras tradiciones (aunque hay algunas que no les guste cocinar, siempre puede ser encargado).

No nos faltó la emoción, el minuto hermosísimo de compartirnos, de ser amigas, confidentes, y apoyarnos. Esto sí es un pedazo de nuestra más linda intimidad, pero ya saben, cosas de chicas adultas, de unas perpetuas asombradas que leen libros y se llenan de aires renovados y perdurables.

P.S. Todas las perpetuas desordenadas, a excepción de una, (y la anfitriona por supuesto) llegaron tarde…
Ah y aqui pueden enterarse un poquito mas: http://www.alfaguara.santillana.es/libro/agua-para-elefantes/1225/

lunes, 25 de enero de 2010

Las chicas del perpetuo desorden


Les quiero contar del Club del Libro y de las chicas del perpetuo desorden. Yo soy una de ellas. Así bautizó, nuestra pintora chilena, poseedora de todos los colores, al club del libro que hace reunir a chicas de espíritus empapados con aires del sur, el último viernes de cada mes. Allí, además de hablar, discutir, y opinar sobre un libro, nos mezclamos en un grato desbarajuste de opiniones diversas, chistes maliciosos y sagaces, interrupciones y risas, y sobre todo deleite. Todo esto a pesar en primer lugar, de los arrojos de la coordinadora del orden en oficio ese mes, que bien pudo haber recurrido a una sombrilla o un molinillo de café para dar razones de su autoridad (algunas han revelado reales muestras de estudio paciente con la utilización de técnicas socio sicológicas acerca de las reglas conversacionales) y a pesar, en segundo lugar y no menos meritorio del legado grandioso y denodado de nuestra antigua fundadora/organizadora y actual Doctora Honoris Causa del Club: Adrianita.
Somos el book club de las “Chicas del perpetuo desorden”. Ya no somos realmente tan chicas ni tampoco el productivo desorden es tan perpetuo. También hacemos distinción de algunas cosas sensatas y organizadas de las que nuestro buen nombre se nutre. La distribución de la faena para cada mes es voluntaria y creativa. Desde la primera reunión del año no solo votamos por los libros a leer, sino también dejamos arreglado donde serán las reuniones, quien traerá algo salado para compartir, algo dulce para disfrutar, quien proveerá la información acerca del libro y autor, y por supuesto quien será la heroína en la batalla de hacernos tomar turnos para hablar. Debo aclarar que tenemos momentos lúcidos, serios y emocionantes (los hemos tenido embarazosos también). La votación por los libros me encanta. Cada cual presenta como máximo dos libros, la propuesta debe estar escoltada por una corta reseña y posibles lugares de compra o ganga. El día de la reunión que da comienzo a nuestro casi año de lectura (ni jurídico ni fiscal, sino madre/esposa/conveniente) cada una de nosotras defiende su proposición y luego votamos. El orden de la lectura va con el número de votos, aunque a veces hay algunas permutas en dependencia de la cantidad de páginas o temática del libro.
Cuando yo me incorporé al club ya tenían casi dos años de fundado, hoy ya cumplió seis. Luego tuve que salirme un tiempo por razones de trabajo y pronto regresé. En el período que estuve fuera realmente me di cuenta de lo importante que eran para mí aquellas reuniones de los últimos viernes de cada mes, y de cómo extrañaba la sensación de beneficio en diferentes maneras que siempre me quedaba al salir, por esa búsqueda colectiva no solo sobre nuestra cultura sino también sobre la cultura universal, y de lo mucho que uno aprende y comienza a valorar la opinión de aquellas personas que por su experiencia o sus prácticas profesionales nos traen nuevas maneras de ver el mundo. Todo girando alrededor de un seductor motivo, leer un buen libro. Suele suceder que a veces no es tan bueno, pero de esas experiencias también salimos bien paradas.
Somos doce perpetuas desordenadas y la mayoría (yo incluida y en primer lugar) vivas vocingleras; y ese seductor motivo nos unió a muchas que no nos conocíamos antes del club, y les procuró a las que ya se conocían otro impulso para disfrutar el tiempo y la amistad, y nos da a todas en general una gran alegría el reunirnos ese día, comer juntas, contar sobre los últimos acontecimientos de los hijos y la escuela, los maridos, el trabajo, los viajes, el país, y las preocupaciones y las guerritas de cada día, además de vernos a través de nuestra diferente y única interpretación de lo que hemos leído. Venimos de lugares diferentes, tenemos estilos disímiles de vida, creencias, religiones y sensibilidades que varían, unas estamos más cerca, otras más distantes, algunas nos vemos solamente esos felices viernes, otras más a menudo. A veces nos ausentamos porque los turnos médicos, porque las escuelas de los muchachos, porque el trabajo y la vida nos obliga a ajustarnos, pero sabemos que ese fue un día que pudo haber sido mejor, en medio de los saludos alegres, las felicitaciones de cumpleaños, las risas alborotadas, la celebración de la comida y la siempre riquísima y apasionada charla sobre el libro leído.
Este próximo viernes ahí estaremos otra vez. Y después de algunas retiradas por el diciembre frio y festivo, estaremos de festejo con mucho por contar, discutir y detallar y auguro esplendorosas interrupciones sin hacer caso alguno de la pobre coordinadora del orden. Ya les contaré.