Una novela de Carlos Alberto Montaner.
“Es una novela sobre la libertad, sobre la libertad de las personas para tomar sus propias decisiones en las circunstancias más dramáticas. En Cuba, uno de los controles más lamentables que existen, una de las faltas mayores, es la falta de libertad afectiva. Un régimen que es capaz de decirle a la sociedad –ustedes no pueden tener contacto con las personas que se fueron del país, usted no puede volver a tener contacto con sus hijos o con sus hermanos o con sus padres porque esas personas se fueron del país…porque son desafectos al régimen- entonces cuando un sistema entra en el corazón de las personas y les dicta a quienes tiene que amar y a quienes tienen que rechazar y a quienes tiene que aplaudir aunque no los quieran y aunque los detesten, cuando un régimen se adueña de la afectividad de las personas ha liquidado cualquier vestigio de libertad. Después de eso la libertad económica, la libertad política ya eso no significa nada porque ¿qué puede haber más importante que el derecho a hacer con el afecto y con el corazón lo que uno desee? Por eso decía que esta es una novela dedicada a explorar la libertad”.*
Y comencé a leerla con la desconfianza de ojear lo mismo con lo mismo, esa mezcla impaciente de daños, repercusiones, infortunios, niñas prostituidas, vecinos desafiantes ante cualquier pista de tenencia, familias en ofensivas diarias por un trozo de pan, balsas, balsas...muerte. La realidad que conocemos aunque la vivamos a ciertos pasos de distancia y que desde este otro lado de la orilla me mudó el espíritu en desafío y culpa. Y hallé un asomo distinto. La mujer del coronel lo tiene, lo devora y no lo dice, no me lo ralla con el lado sin filo del cuchillo. Desmenucé palabras dispares, repasos rancios que venían de otras voces, parajes de los patios y entrecalles húmedas, de aquel vecino vestido de verde con olor a charco que no nos dejaba correr por su pedazo de acera, de la trágica historia en el velorio de la hija de A., del mar y aquella frase “tú te marchaste, yo me quedé” y las caras de todos cuando se oía en el Phillips “Lagrimas Negras”.
Uno escucha, uno habla, uno comenta pero no siempre se detiene a pensar. Y por un rato me enfrasqué en que tal si el Coronel Arturo Gómez y su mujer Nuria hubieran sido los vecinos de al lado. No hay una vida que no haya sido tocada por el desafío, por el egoísmo de las ideas sublimes y costosas, por la mano que ofreció y timó. Tampoco han existido muchos pueblos que no sucumban ante tanta exaltación y fogueo.
La novela me devoro a mí. Una historia de amor que te estaciona en una época y un lugar en que no hubiera querido vivir. Una historia de amor llena de sensualidad, sexualidad y erotismo. Y de escenas muy gráficas y demandantes. A veces me detuve y cerré el libro. No por pudor ni candor. Por vergüenza, por cobardía, por pena ajena. Pensaba en Nuria, en la ambigüedad de sus sentimientos, en la tergiversación de su propia realidad, en su inteligencia desmantelada. Nuria no amó a un hombre, no engañó a nadie, amó el amor, la libertad de sentir, de poseer, de entregarse. Dejó de engañarse a sí misma por unos días. Y cuando todo el tumulto de pasiones, de amores filiales lejanos, de aires cálidos y dulces en viejos empedrados se soltaron la abandonaron sorprendida y vulnerable.
"…no Arturo mis padres no eran unos traidores. Eran simplemente unas personas que no querían vivir en Cuba, que no creían en la revolución… no, Lucia no es una enemiga ni una agente de nada…encontrarme con ella fue encontrarme con un pedazo mutilado de mi vida…no, no fui a Roma a engañarte…no Arturo, no soy una puta, no me ofendas…tal vez quería sentir emociones antiguas…necesidad de experimentar una felicidad distinta……yo no quería hacerte daño… no, te equivocas, no pretendía humillarte. La relación con Martinelli, cincos días miserables, no era contra ti, sino por mi…no vuelvas a llamarme puta…y ¿tus infidelidades, Arturo?...si…ustedes tienen la necesidad de regar esperma y nosotras de sentirnos amadas… ¿Por qué me fui a la cama con un viejo? Porque yo no andaba buscando belleza física, ni nadie que compitiera contigo…sabía que estaba mal lo que hacía, pero también sé que es absurdo exigirle permanentemente a las personas un comportamiento que es contrario a la naturaleza humana…lo que me parece terrible es que el ejército y el gobierno se inmiscuyan en las vidas privadas de los cubanos…tampoco es verdad que exista el honor colectivo… ¿a quién coño se le ocurre decir que una institución, una abstracción jurídica, tiene honor? Honor tenemos tu y yo, pero ni tu honor depende de mi actuación, ni el mío depende de las cosas que tú haces ni el de los dos depende de lo que podemos hacer con nuestros genitales…te equivocas, yo si tengo honor y no ha desaparecido…Mi honor consiste en serte leal a ti y a mi misma en las cosas fundamentales de la vida. En tener valor para abrazara mi hermana. En defender las cosas…que creo… ¡Soy una mujer coño, que una vez se dejo llevar por su corazón sin pretender hacerle daño a nadie!…Hay mil cosas peores que las infidelidades…"**
Un buen libro, se lee rápido, te mantiene alerta, y te sorprende. Nos cuenta una historia con un interesante equilibrio entre la prosa y los personajes. No puede leerse con mojigaterías o prejuicios. Y de día mejor, durante la hora del almuerzo y en público…
* Palabras de Carlos A. Montaner en una de las presentaciones de su libro.
**Ultimas páginas de la novela, en su enfrentamiento con el esposo. Se le conoce como el monólogo de Nuria.









