Presiento que no puedo seguirlos contando, que debería dejarlos correr a algún lugar sereno y risueño donde no los malgaste. Pero noventa y nueve Mayos me hubieran encantado. Tantos días como estos me llegaron en este refugio verdinoso y no me alcanzaron patios, enjuagues, ni cigarros para convocar los olvidos. Quisiera que fuera un día como tantos, los que te hablo y los que no, o de aquellos en los que puedo dejarte acomodada y dormida. Pero las voces y los menajes de otros lares no me dejan. Estás en fiestas que no son para ti, en ceremonias y discursos torcidos que no escuchas, en las algarabías de las calles que no caminas, en el desconsuelo de lo mas absurdo de los que te recuerdan. Seguramente te llevaron flores, tantearon el mármol grácil que te corteja, resonaron tus andanzas y tus bríos y hasta en ese instante afectado envidio sus manos y sus figuras. Si estos Mayos algo trajeran que sea la calma. Si estos Mayos algo repusieran que sea tu risa. Presiento que nunca pararé de contarlos. Que serán cien o ciento veinte mis derrumbes y tus llegadas, y que no tendré mayos suficientes para agasajarte, soplar velitas, enviarte cartas siderales, agradecerle a mi vida por vivirte…y abrazarte, abrazarte, abrazarte.
Mostrando entradas con la etiqueta Diarios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diarios. Mostrar todas las entradas
martes, 1 de mayo de 2012
lunes, 16 de abril de 2012
Domingo
Temí abrir los ojos y no verte. Y por eso no abrí los ojos aunque ya escuchaba al perro cascabelear y los camiones en la calle recogiendo la basura. No quería abrir los ojos y ser grande y tener que acomodar un desayuno o coleccionar ropas por toda la casa para emplazar la lavadora. No abrí los ojos a pesar del reloj protestando, la ventana apartada y el sol incomodándome en la cara. Suerte que tuvimos tiempo de abrazarnos y alcancé a curiosear tu delantal y oler tus manos y ver de cerca tu verruga y escucharte decir vamos mija vamos que se hace tarde…antes de sentir una lengua pegajosa frotándome el pie, las teclas de la laptop y el tiki tiki del juego y una voz generosa ¿cafecito?
miércoles, 11 de abril de 2012
Pedazos
Para Dag.
Se rompió como un cristal, en cientos de pedazos, mientras todos se cubrían los oídos para evitar escuchar el estallar consumido del desplome. Sencillamente se quebró, chispeando las lozas con el mismo sonido con que se despedazan todas las cosas que para siempre quedan fragmentadas, grabadas con pulcras líneas amarillentas cuando se logra juntar todos los pedazos diseminados por doquier. Me hizo recordar aquel día que andaba yo lloriqueando cuando una amiga contó delante de otros que yo tomaba un biberón en las mañanas. Me sentí traicionada y expuesta. Exhibía algo íntimo, un secreto arrinconado. Lo del biberón era cierto, pero eran cosas de mami, me lo daba dormida antes de irme a la escuela para hacerme tomar la leche que yo no quería. Me dolía el uso de algo tan personal para dejarme mal parada delante de los otros niños. Un amigo no hace eso, a los nueve años eso pensaba. "Si el búcaro de cristal se rompe, decía mami, lo pegamos otra vez pero nunca será el mismo, siempre estará marcado entre todas las piezas que logramos pegar. Así pasa con la amistad".
Se rompió como un cristal, en cientos de pedazos, mientras todos se cubrían los oídos para evitar escuchar el estallar consumido del desplome. Sencillamente se quebró, chispeando las lozas con el mismo sonido con que se despedazan todas las cosas que para siempre quedan fragmentadas, grabadas con pulcras líneas amarillentas cuando se logra juntar todos los pedazos diseminados por doquier. Me hizo recordar aquel día que andaba yo lloriqueando cuando una amiga contó delante de otros que yo tomaba un biberón en las mañanas. Me sentí traicionada y expuesta. Exhibía algo íntimo, un secreto arrinconado. Lo del biberón era cierto, pero eran cosas de mami, me lo daba dormida antes de irme a la escuela para hacerme tomar la leche que yo no quería. Me dolía el uso de algo tan personal para dejarme mal parada delante de los otros niños. Un amigo no hace eso, a los nueve años eso pensaba. "Si el búcaro de cristal se rompe, decía mami, lo pegamos otra vez pero nunca será el mismo, siempre estará marcado entre todas las piezas que logramos pegar. Así pasa con la amistad". Se rompió con un sonido exangüe y cuajado. Mezcla de pasión y desacierto. La época de los uniformes en los recreos se va y se van tantas otras cosas. Madurar te hace feliz, y al paso que sea, te rompe el alma, te alerta, te descubre. ¿Cuántas frases dijo que hirieron a alguien? ¿O cuántas ni siquiera dijo? ¿Cuántas veces asumió la posición más arrogante tratando de demostrar quién sabe qué? ¿Cuántas veces no escuchó? ¿Cuántas veces se ausentó y cuántas otras regresó aceptando nada? ¿Por cuánto tiempo creyó correcta y ulterior su palabra, su actitud, y equivocada la de otros?
Pero todo cambia. No los errores, que esos los seguimos acumulando en bolsas más pequeñas y menos pesadas. Uno cambia. Solo no cambian los amores. Esa palabra vasta, cursi y agitada, que pertenece a cada historia nuestra, a la raíz, a la semilla, a los días más aventureros, a la casa y al monte de la infancia, a los brazos amigos que se agrandaron sin improvisaciones o se marcharon sin vuelta de hoja. Cuando estuvo del otro lado de tanta perspectiva empalmó palabras y se dejó empujar. El más enigmático empuje. Hay cosas que no cambian. Y había que vivirlas a pesar de que luego hubiera que juntar trozos de cristales exponiendo sin remedio finas líneas amarillas. A pesar quizás, de no volver a encontrar algún pedazo.
lunes, 19 de marzo de 2012
Recuento
Desde pequeña quise ser actriz. Como casi todas las niñas. De las cosas que se me ocurrieron en ese largo camino hasta el momento de elegir, fue la única que atesoré con esperanza. Crecí en una casa llena de espejos y lunas inmensas y me paralizaba ante ellos con vestidos, zapatos y collares de mami y tía. Teníamos una buena biblioteca donde se podían encontrar viejos long play de 33 y 45rpm de boleros, zarzuelas y algún que otro importado. Lo mismo imitaba a Sarita Montiel que me deleitaba siendo una versión femenina de Barry Manilow. Cuando me di cuenta que no tendría ni cuerpo de modelo, ni afinación ni voz, ni aptitudes de danzarinas igual quedé tranquila pues ser actriz era mucho más que eso y si podía escribir mejor aun. Teatros, obras de la escuela, monólogos, declamaciones, y escuela de arte. Seguí cada paso con cautela y timidez. No lo logré. A alguna edad te das cuenta que hacen falta mucho más que persistencia y talento para conquistar algunas cosas. En ese largo camino también soñé con ser piloto de aviones comerciales. Coleccionaba y armaba todos los modelos que vendían y que por supuesto eran todos los aviones rusos del momento: Ilyushin, Yakovlev, Tupolev, Antonov, me los conocía al detalle y me devoraba toda la literatura rusa sobre el tema. La única escuela de aviación cubana radicada en la isla no aceptaba mujeres. Un día también comprendí que mis hipo-glicemias y constantes migrañas no me llevarían a ningún lugar de esos. Pero como la vida no es vaca cerrera y si te apuras alcanzas, me hice maestra, y a pesar de los inconvenientes que los difíciles años del “periodo especial” y el descalabro nos fueron reportando, terminé viviendo entre la música y el arte con la satisfacción de escuchar cada nota y sentir cada interpretación con la misma fibra de aquellas viejas ilusiones.
A unas pocas horas de que mi hijo cumpla catorce años lo miro y me pregunto si algunas de todas las ilusiones que ya va almacenando las lograra vivir. O si fantaseará con algunas demasiado engrandecidas. Ser adolescente es complejo. Allá lo vivíamos diferente, y a nadie le conmovía si tus hormonas o tus espacios tenían importancia. Mi hijo dice, y es lo único que ha dicho en muchos años, que quiere ser médico. Busca en internet el ranking de universidades para hacer el pre-med y la carrera, costos y especialidades. Y quiere ser tan brillante como Dr. House. Parece ser que el también tiene su Barry Manilow y su Tupolev. Pero no le decimos que para lograr algunas de estas cosas no solo se necesita persistencia y talento. Solo quiero que sea noble. Suponemos que haber dejado tanto atrás para intentar proveerle un futuro será recompensado. Le vi afeitarse su bigote por primera vez y recordé cuando lo mecía en el sillón por horas. Lo miro y estoy tan segura de que no haber sido actriz o piloto de aviones, no me dejaron ni una marca. Lo veo patinar y reírse con los amigos, lo veo llegar de la escuela diciendo “que hambre tengo”, lo observo cuando duerme y casi se le salen los pies de esta cama, y estoy tan segura que la mayor satisfacción de mi vida no me la hubiera dado ninguna profesión.
miércoles, 14 de marzo de 2012
La mujer del coronel
Una novela de Carlos Alberto Montaner.
“Es una novela sobre la libertad, sobre la libertad de las personas para tomar sus propias decisiones en las circunstancias más dramáticas. En Cuba, uno de los controles más lamentables que existen, una de las faltas mayores, es la falta de libertad afectiva. Un régimen que es capaz de decirle a la sociedad –ustedes no pueden tener contacto con las personas que se fueron del país, usted no puede volver a tener contacto con sus hijos o con sus hermanos o con sus padres porque esas personas se fueron del país…porque son desafectos al régimen- entonces cuando un sistema entra en el corazón de las personas y les dicta a quienes tiene que amar y a quienes tienen que rechazar y a quienes tiene que aplaudir aunque no los quieran y aunque los detesten, cuando un régimen se adueña de la afectividad de las personas ha liquidado cualquier vestigio de libertad. Después de eso la libertad económica, la libertad política ya eso no significa nada porque ¿qué puede haber más importante que el derecho a hacer con el afecto y con el corazón lo que uno desee? Por eso decía que esta es una novela dedicada a explorar la libertad”.*
Y comencé a leerla con la desconfianza de ojear lo mismo con lo mismo, esa mezcla impaciente de daños, repercusiones, infortunios, niñas prostituidas, vecinos desafiantes ante cualquier pista de tenencia, familias en ofensivas diarias por un trozo de pan, balsas, balsas...muerte. La realidad que conocemos aunque la vivamos a ciertos pasos de distancia y que desde este otro lado de la orilla me mudó el espíritu en desafío y culpa. Y hallé un asomo distinto. La mujer del coronel lo tiene, lo devora y no lo dice, no me lo ralla con el lado sin filo del cuchillo. Desmenucé palabras dispares, repasos rancios que venían de otras voces, parajes de los patios y entrecalles húmedas, de aquel vecino vestido de verde con olor a charco que no nos dejaba correr por su pedazo de acera, de la trágica historia en el velorio de la hija de A., del mar y aquella frase “tú te marchaste, yo me quedé” y las caras de todos cuando se oía en el Phillips “Lagrimas Negras”.
Uno escucha, uno habla, uno comenta pero no siempre se detiene a pensar. Y por un rato me enfrasqué en que tal si el Coronel Arturo Gómez y su mujer Nuria hubieran sido los vecinos de al lado. No hay una vida que no haya sido tocada por el desafío, por el egoísmo de las ideas sublimes y costosas, por la mano que ofreció y timó. Tampoco han existido muchos pueblos que no sucumban ante tanta exaltación y fogueo.
La novela me devoro a mí. Una historia de amor que te estaciona en una época y un lugar en que no hubiera querido vivir. Una historia de amor llena de sensualidad, sexualidad y erotismo. Y de escenas muy gráficas y demandantes. A veces me detuve y cerré el libro. No por pudor ni candor. Por vergüenza, por cobardía, por pena ajena. Pensaba en Nuria, en la ambigüedad de sus sentimientos, en la tergiversación de su propia realidad, en su inteligencia desmantelada. Nuria no amó a un hombre, no engañó a nadie, amó el amor, la libertad de sentir, de poseer, de entregarse. Dejó de engañarse a sí misma por unos días. Y cuando todo el tumulto de pasiones, de amores filiales lejanos, de aires cálidos y dulces en viejos empedrados se soltaron la abandonaron sorprendida y vulnerable.
"…no Arturo mis padres no eran unos traidores. Eran simplemente unas personas que no querían vivir en Cuba, que no creían en la revolución… no, Lucia no es una enemiga ni una agente de nada…encontrarme con ella fue encontrarme con un pedazo mutilado de mi vida…no, no fui a Roma a engañarte…no Arturo, no soy una puta, no me ofendas…tal vez quería sentir emociones antiguas…necesidad de experimentar una felicidad distinta……yo no quería hacerte daño… no, te equivocas, no pretendía humillarte. La relación con Martinelli, cincos días miserables, no era contra ti, sino por mi…no vuelvas a llamarme puta…y ¿tus infidelidades, Arturo?...si…ustedes tienen la necesidad de regar esperma y nosotras de sentirnos amadas… ¿Por qué me fui a la cama con un viejo? Porque yo no andaba buscando belleza física, ni nadie que compitiera contigo…sabía que estaba mal lo que hacía, pero también sé que es absurdo exigirle permanentemente a las personas un comportamiento que es contrario a la naturaleza humana…lo que me parece terrible es que el ejército y el gobierno se inmiscuyan en las vidas privadas de los cubanos…tampoco es verdad que exista el honor colectivo… ¿a quién coño se le ocurre decir que una institución, una abstracción jurídica, tiene honor? Honor tenemos tu y yo, pero ni tu honor depende de mi actuación, ni el mío depende de las cosas que tú haces ni el de los dos depende de lo que podemos hacer con nuestros genitales…te equivocas, yo si tengo honor y no ha desaparecido…Mi honor consiste en serte leal a ti y a mi misma en las cosas fundamentales de la vida. En tener valor para abrazara mi hermana. En defender las cosas…que creo… ¡Soy una mujer coño, que una vez se dejo llevar por su corazón sin pretender hacerle daño a nadie!…Hay mil cosas peores que las infidelidades…"**
Un buen libro, se lee rápido, te mantiene alerta, y te sorprende. Nos cuenta una historia con un interesante equilibrio entre la prosa y los personajes. No puede leerse con mojigaterías o prejuicios. Y de día mejor, durante la hora del almuerzo y en público…
* Palabras de Carlos A. Montaner en una de las presentaciones de su libro.
**Ultimas páginas de la novela, en su enfrentamiento con el esposo. Se le conoce como el monólogo de Nuria.
martes, 13 de marzo de 2012
De vuelta
| Galveston 2012 |
Pero este Volverás …
miércoles, 25 de enero de 2012
Trance
Orquidea con olor a chocolate. Cuba, Orquideario Soroa, 2010 |
Igualito que con la tormenta que está cayendo ahora mismo. Que llueve y para, que derrumba y escampa, que sopla el viento y asusta y que se calma. Luego habrá que abrir ventanas y luego abrir las puertas. Benedetti, en su novela Primavera con una esquina rota, de las prosas que prefiero, marca así más o menos los espacios de Santiago extrañando a Graciela y al mundo desde una celda colmada por unas “ganas de abrir ventanas y lo que es peor de abrir una puerta”.
Afuera hay una de esas tormentas que conocemos por aquí y que, con este raro calor peregrino en el mismo medio de Enero, asusta tras un aviso de tornados. Y entonces me dieron al fin, unas poquitas ganas de escribirlo. Durante los últimos días habían desaparecido y ahora que lo hago ni siquiera creo que tenga realmente ganas. Y he pensado mucho en el asunto y he sentido que abrir una página y revolver otras no puede ser una presión. Y la he sentido. No es que no quiera escribir, es que no tengo deseos de escribir. Eso para mí, es más o menos, no tener ganas de hablar. No tener ganas de decir. Me gustaría pensar que es una mezcla aderezada de desajustes de hormonas, clima embarazoso y autodisciplina en falta.
Pero también creo que debemos darnos estos chances de regarnos, de parar de decir siempre lo que creemos que debemos decir, de perdernos un poco en alguna bobería, de mandar a “casa ‘e la yuca” las impaciencias, de permitir a la “midlife crisis” que nos arrastre, nos tome el pelo, que nos haga un poco de mierda.
Cosas buenas: ha venido J. Diecisiete años que no lo veíamos. Vino de la Česká Republika a donde se fue casualmente durante el agosto del maleconazo habanero en busca de algo mejor que aquello que teníamos, o de lo que no, en el verano del 94.
Cosas malas: los desánimos
Y de otras cosas: se busca solución tecnología de punta touchless, un invento del 3000, una lectura mental o extraterrestre que le evite a las mujeres tener que visitar al ginecólogo para los exámenes anuales que a cierta edad son necesarios…
miércoles, 4 de enero de 2012
Y debía
![]() |
| (Tomada de la red) |
(Y yo haciéndome la modesta).
La verdad es que me he sentido un poco rendida. Eso de escribir un post deseando que el 2012 venga así y asao de bueno y venturoso se me hizo talco de bebé. Si yo misma no me lo creo. Mi isla no me repone optimismo ni certezas. Mi esposo, en medio de la festividad y estallido de copas de la noche del 31 nos recordó a todos que mientras nos enwhiscabamos Ivonne Malleza, esa negra cubana con alma de mambí en batalla, estaba encerrada en una celda de castigo y en huelga de hambre. Una cubana que decidió que la libertad y la democracia en su tierra valían más que su propia vida. Y a pesar de que alzamos las copas en un grito de Libertad para Cuba (como unos viejos miameros de la calle 8 en la esquina del Versailles) sentí que en medio del pecho la vergüenza y el odio se me dieron cita y sin majadera melancolía ni ventisca pasada.
Debí haber escrito un post donde dedicara mis deseos de año nuevo a ver mi isla rescatada de la castrodictadura de una vez y por todas, debí haber estampado mi fe de asco y algún estatuto de chispazos anti-bélicos, debí haberles contado a ustedes de aquel sueño donde construíamos un puente-muro, de verdad y de concreto, desde South Beach hasta Varadero y lo cruzábamos bailando y en medio de una añeja comparsa maleconera, debí creer que gritaba como todos los valientes que gritan y son apaleados.
Y ¿por qué no? También debí dejar constancia de mi aspiración augusta de perder estas libras de más y regresar al gimnasio en tanto me lo permita la tal fascitis plantar y también podía contarles que he jurado tener dos y medio ápices de paciencia con mi pequeño de trece años, agasajar nuestro veinte aniversario de novios, y jurar que intentaré amar al prójimo disimulando un tanto algunas ganas de golpearlo.
Pero me han ganado todos. Me vencieron todas las enhorabuenas y los fuegos. Me superaron los otros Blogs, las otras personas, la bola de New York, la otra vida. No he tenido ganas de postear nada, ni de aquello ni de esto. No sé que desearles para este año que ya llegó y en tres días nos puso en línea con los babalaos, los rumores tediosos de muertes deseadas, los albures de Iowa, y los millones de hits en You Tube.
Yo que debía…me quedo así contemplando la gravedad si es posible. Y entonces esto es lo que finalmente les digo…
jueves, 15 de diciembre de 2011
granitos de sal
Diciembre tuvo otros nombres, ajenos ya, borrosos. El último fue el baile y los besos semejantes a la tristeza o a todo aquello que entonces éramos. Diciembre no alteró sus nombres ni sus algazaras por más difusas o distantes que anidaran. Escaleras abajo en zafarrancho encrespado, muelle sin barco adivinando silbidos y sirenas, novia sin velo ni tul, el sillón de hierro y las piernas moras, un amor sin la r y una voz sin tu voz.
Mi rostro, encajado en mis rodillas, ahogando unos vacíos trechos de futuro. Entender no hace feliz. Ser feliz no hace entender. Te llevo, como carga justa o como alivio consentido, ya da igual, sobre todos y cada uno de mis huesos, los que duelen y los que no. Te llevo no lo dudes, como llevo el mar; estos granitos de sal y sortilegio que poseo en la yema de mis dedos.
martes, 6 de diciembre de 2011
visitas
Yo hubiera querido quererte para siempre. Decir tenerte, volverme loca sobre todos los grises del mundo, violentar todas las respuestas que la vida, la sabiduría o la inercia nos delinearon sin voces.
Yo hubiera querido quererte como podía. Pero las vacilaciones y tres torpes tarjetas fueron pura simpleza. No regreses a mis sueños buscando algún alivio. No regreses, solo eso, quédate donde estampaste el día de morirte, la irresolución de tus pasos, la placidez que te inventaste.
Yo hubiera querido quererte sin quererte. Solo así como nadando en la orilla salpicándome los dedos, como escupiendo una semilla. Pero te apareciste ese día en que cada fantasma era una esforzada condena y mis aturdidas alas no lograban alzar vuelo. Pero te apareciste, como anoche, sin previo aviso y de un brutal portazo.
martes, 25 de octubre de 2011
Imágenes
La noche era de las abrigaditas, ni frio ni calor, bien rico el “weather”. Desde la ventanilla trasera podía ver la vida pasar. Eso fue lo que pensé. Imágenes. Fulgor y sombras. Pestañear y perder. Conquistar y ser. Lo mismo que la vida. Luces, carros, luces, sórdidas esquinas, destellos mezclados, almacenes extintos, obras de aluminio, luces, y los grandes anuncios de la mordida: “En este hospital el cáncer se cura”, “en este mercado tenemos los precios más bajos”, “en esta clínica te amarran tu estómago aguafiestas y te pones luego así como una Barbie”, “en esta boutique del Mall te vuelves loco”… La música sutilmente hipnotizándote y ellos adelante tarareando a Bruno Mars y en veinticuatro hercios por segundo desfila un retazo de vida a través del mismo cristal, en el más delicado silencio que te robas. Tu rostro revelado en el vidrio de la ventana con los destellos yendo y viniendo entintando cada lapso. Aquellos días y la playa, los abrazos fabulosos de la niñez, las peleas en el patio de los vecinos, la larga loma después la escuela, y hacerte mujer, pedalear y pedalear y no llegar, descubrir la desesperación y todo el mundo desparramándose como un juego de yaquis sobre granito pulido… Un atisbo de volver la mirada…Nunca lo hubo. No lo habrá. Las imágenes que se pierden, los cláxones que ya no escuchas, los rostros que nunca definiste. Ahora no, ahora ya no. Te adentras, como en la vida misma, en el último tramo que te pertenece. Imperecedera propiedad que ya conoces y no te atreves a soltar. La estufa de tu alma. Y sientes que ahora el camino es más lento, que no te agobian las luces, los carros, los cláxones, que puedes recostar tu cabeza al cristal de la ventana y dejar aparecer los pinos enrojecidos, los venados correteando ya menos sedientos, las ardillas tramposas y agobiantes, todas esas cruces e imágenes que ya no juzgas, y esta oscuridad prematura que hace pocos años aborreciste hasta que comenzaste tu misma a disiparlas temprano. El perro ladra de alegría, te empuja y le dices dos disparates y sueltas todo sobre el sofá. ¿Un atisbo de volver la mirada? A veces llega el momento justo en que lo odiarías.
lunes, 17 de octubre de 2011
En Memoria de Laura Pollán
En memoria de Laura Pollán Toledo: "Elogio de la resistencia". Por Gaby Sarduy
(Tomado de Cuba Democracia y Vida)
Resistir,
dejar el miedo a un lado
y ...caminar
empuñando una flor
por la avenida
y llegar a la Iglesia
a pedir lo imposible
y rezar, rezar con fuerza....
oponiendo el silencio
a las consignas.
Resistir,
preparar
la visita al penal
y la jabita y tu mejor sonrisa
para tu hombre
que piensa y que no calla
que disiente y lo expresa
que se planta y florece
como la flor que llevas en las manos
cuando proclamas,
con una valentía que no te sospechabas,
que decir LIBERTAD
con los pasos, los dedos,
los gritos, las palomas
es ahora tu sino
y no hay remedio.
Resistir
y encontrar
aún otra tarea:
abrazar a las otras y arroparlas,
a acogerlas a todas en tu casa
armarlas de paciencia
de fe, de valentía,
escuchar los reclamos,
consolar esa pena
de vivir tan, tan lejos de una cárcel
en una Isla pequeña
hostil e intransitable...
Resistir
y aprender
a hablarle a los micrófonos
maestra, pedagoga,
explicarle a cada uno
con voz irrenunciable
que caminas
por esa Libertad
que les roban
a Uds,
pero a todos
a aquellos que encerraron,
a los que mueren lejos,
también a los que callan,
a los que tienen miedo,
a los que las espían,
a los que se aprovechan,
a los que las hostigan
por ordenes de alguien...
Resistir
y expresarse
en la Isla del Muro y del silencio
salir al sol, la acera,
al malecón, la iglesia
y decir que estas viva
y pedirle a quien sea
que te escuche y te ayude
Repartirle una flor a los pasmados
que te observan
ganándole las calles a esa turba
ganándole las calles a ese régimen:
ésa, tu hazaña...
y fue inconmensurable...
Resistir
y dejar que unos y otros
discutan lo que quieran.
No perder nunca el rumbo
jamás el equilibrio,
ir por el justo medio
de la virtud,
templada,
como duro metal
de dulzura incólumne.
Apoyar al que ayuda,
aceptar cada logro,
por humilde que fuera
sabiendo que de pasos,
pequeños
pero ciertos,
se esteblece el camino
que no tendrá retorno
hasta la Libertad
que despliegas sonriente
con el pulgar y el índice extendidos
frente a hombres armados
que están presos.
Resistir,
hasta el día
en que la reja se abre
y dar las gracias
y también
decir lo que aún te falta:
Libertad, Libertad,
Libertad para todos
Libertad sin "licencia",
Libertad sin "destierro"
Libertad Laura, ¡Laura!
Libertad de verdad
para que Cuba pueda
ser de nuevo una patria
que incluya a cada uno,
que acoja, que engrandezca
a todo aquel que la ame...
Resistir
y abrazar a tu esposo
de nuevo
en tu casa, en tu patio,
oírlo nuevamente cuando duerme
y dormirte
sabiendo
que nada ha terminado,
que todo está aún haciéndose...
Que comienza otra etapa
que tu voz la oye el mundo
y faltan tantas cosas!
Que seguirás andando
en la calle y al sol
y con lluvia y con viento
y con la valentía
que aprendiste estos años
porque existe esa Carta
que dice que los hombres
tienen unos derechos
suyos e inalienables
y habrá que reclamarlos
aún en esta Isla...
para que todos entren
para que todos puedan
para que todos quepan.
Resistir
hasta el día
en que la muerte
llega
y nos aturde a todos
nos inunda de pena
nos quedamos
atónitos
repasando tu gesta
y se vuelve invencible
tu legado:
es la fuerza
de la mirada clara,
de la enorme paciencia,
de la inmensa dulzura,
de levantar la flor
frente a las armas,
frente a la soledad,
frente a las rejas
Que quede tu mirada
para siempre en la historia
que quede
tu osadía
a todos los que esperan
que Cuba sea libre,
pronto, pronto!
Así sea.
(Tomado de Cuba Democracia y Vida)
Resistir,
dejar el miedo a un lado
y ...caminar
empuñando una flor
por la avenida
y llegar a la Iglesia
a pedir lo imposible
y rezar, rezar con fuerza....
oponiendo el silencio
a las consignas.
Resistir,
preparar
la visita al penal
y la jabita y tu mejor sonrisa
para tu hombre
que piensa y que no calla
que disiente y lo expresa
que se planta y florece
como la flor que llevas en las manos
cuando proclamas,
con una valentía que no te sospechabas,
que decir LIBERTAD
con los pasos, los dedos,
los gritos, las palomas
es ahora tu sino
y no hay remedio.
Resistir
y encontrar
aún otra tarea:
abrazar a las otras y arroparlas,
a acogerlas a todas en tu casa
armarlas de paciencia
de fe, de valentía,
escuchar los reclamos,
consolar esa pena
de vivir tan, tan lejos de una cárcel
en una Isla pequeña
hostil e intransitable...
Resistir
y aprender
a hablarle a los micrófonos
maestra, pedagoga,
explicarle a cada uno
con voz irrenunciable
que caminas
por esa Libertad
que les roban
a Uds,
pero a todos
a aquellos que encerraron,
a los que mueren lejos,
también a los que callan,
a los que tienen miedo,
a los que las espían,
a los que se aprovechan,
a los que las hostigan
por ordenes de alguien...
Resistir
y expresarse
en la Isla del Muro y del silencio
salir al sol, la acera,
al malecón, la iglesia
y decir que estas viva
y pedirle a quien sea
que te escuche y te ayude
Repartirle una flor a los pasmados
que te observan
ganándole las calles a esa turba
ganándole las calles a ese régimen:
ésa, tu hazaña...
y fue inconmensurable...
Resistir
y dejar que unos y otros
discutan lo que quieran.
No perder nunca el rumbo
jamás el equilibrio,
ir por el justo medio
de la virtud,
templada,
como duro metal
de dulzura incólumne.
Apoyar al que ayuda,
aceptar cada logro,
por humilde que fuera
sabiendo que de pasos,
pequeños
pero ciertos,
se esteblece el camino
que no tendrá retorno
hasta la Libertad
que despliegas sonriente
con el pulgar y el índice extendidos
frente a hombres armados
que están presos.
Resistir,
hasta el día
en que la reja se abre
y dar las gracias
y también
decir lo que aún te falta:
Libertad, Libertad,
Libertad para todos
Libertad sin "licencia",
Libertad sin "destierro"
Libertad Laura, ¡Laura!
Libertad de verdad
para que Cuba pueda
ser de nuevo una patria
que incluya a cada uno,
que acoja, que engrandezca
a todo aquel que la ame...
Resistir
y abrazar a tu esposo
de nuevo
en tu casa, en tu patio,
oírlo nuevamente cuando duerme
y dormirte
sabiendo
que nada ha terminado,
que todo está aún haciéndose...
Que comienza otra etapa
que tu voz la oye el mundo
y faltan tantas cosas!
Que seguirás andando
en la calle y al sol
y con lluvia y con viento
y con la valentía
que aprendiste estos años
porque existe esa Carta
que dice que los hombres
tienen unos derechos
suyos e inalienables
y habrá que reclamarlos
aún en esta Isla...
para que todos entren
para que todos puedan
para que todos quepan.
Resistir
hasta el día
en que la muerte
llega
y nos aturde a todos
nos inunda de pena
nos quedamos
atónitos
repasando tu gesta
y se vuelve invencible
tu legado:
es la fuerza
de la mirada clara,
de la enorme paciencia,
de la inmensa dulzura,
de levantar la flor
frente a las armas,
frente a la soledad,
frente a las rejas
Que quede tu mirada
para siempre en la historia
que quede
tu osadía
a todos los que esperan
que Cuba sea libre,
pronto, pronto!
Así sea.
martes, 11 de octubre de 2011
tregua
Hacía meses que no veíamos llover. Nos había crecido un cactus en la retentiva. Diez horas de lluvia y los venados han dejado de comerse mis plantas, y las ardillas no han vuelto a tomar agua de la piscina, y huele a fango y a hierbita húmeda. Y entonces me senté en el portal con una copita del Alexander Valley (mira que he aprendido cosas en esta tierrita) y encendí un cigarrito y disfrute la escena. Recordé los días en que la lluvia era algo diferente, no te apurabas por una sombrilla ni te importaba la blusa mojada y transparente, ni le temías a los truenos mientras te bañabas en la costa, ni escuchabas el “niña entra que vas a coger un catarro”. Y tampoco se por qué recordé un poema casi completo, uno de aquellos que durante los días universitarios también entonaba de memoria y otras mil cosas que la lluvia trajo y claro, se llevó porque así se filtran todas las aguas mareadas.
Usted Martín Santomé no sabe
cómo querría tener yo ahora
todo el tiempo del mundo para quererlo
pero no voy a convocarlo junto a mí
ya que aun en el caso de que no estuviera
todavía muriéndome
entonces moriría
sólo de aproximarme a su tristeza
usted martín Santomé no sabe
cuánto he luchado por seguir viviendo
cómo he querido vivir para vivirlo
pero debo ser floja incitadora de vida
porque me estoy muriendo Santomé
usted claro no sabe
ya que nunca lo he dicho
ni siquiera esas noches en que usted me descubre
con sus manos incrédulas y libres
usted no sabe cómo yo valoro
su sencillo coraje de quererme
usted martín Santomé no sabe
y sé que no lo sabe
porque he visto sus ojos
despejando la incógnita del miedo
no sabe que no es viejo
que no podría serlo
en todo caso allá usted con sus años
yo estoy segura de quererlo así
usted martín Santomé no sabe
qué bien qué lindo dice avellaneda
de algún modo ha inventado
mi nombre con su amor
usted es la respuesta que yo esperaba
a una pregunta que nunca he formulado
usted es mi hombre
y yo la que abandono
usted es mi hombre
y yo la que flaqueo
usted martín Santomé no sabe
al menos no lo sabe en esta espera
qué triste es ver cerrarse la alegría
sin previo aviso
de un brutal portazo
es raro
pero siento
que me voy alejando
de usted y de mí
que estábamos tan cerca
de mí y de usted
quizá porque vivir es eso
es estar cerca
y yo me estoy muriendo
Santomé no sabe usted
qué oscura
qué lejos
qué callada
usted martín
martín cómo era
los nombres se me caen
yo misma estoy cayendo
usted de todos modos
no sabe ni imagina
qué sola se va a quedar
mi muerte sin su vida.
Mario Bendetti, "La Tregua".
martes, 4 de octubre de 2011
“Ventana deja entrar el día y deja salir; la vida”
![]() |
| La familia de El Gallego |
Montescos y Capuletos los nombré cuando conocí a Shakespeare, seguramente con la ilusión de que la historia de amor de nuestros padres valiera la pena. Pero no valió la pena ni la historia de amor ni la ceguera de ambas familias ante tales adversidades. El tiempo lo fue curando todo, pero las frases solapadas, los ideales y las actitudes en la vida permanecieron intactas. Muchos años después y algunos eventos familiares finalmente acarrearon un remanente de concordia deseada. Al final, quedamos todos, ambas familias, mientras nuestros padres se esfumaron sin desagravio.
Mi abuelo Capuleto llegó a la Habana con dos años. Sus padres y otro bebé, dejaron Galicia en busca de mejor vida, tierra y oportunidad de negocios en la Perla de las Antillas. Y lo encontraron. Para cuando yo nací, mis bisabuelos llevaban una vida instalados en una casona linda de La Víbora, sus hijos casados, nietos y bisnietos llegando y habían amasado un próspero negocio en el área de la construcción que fue mermando con la llegada de la Revolución en el 59.
Mi abuelo, conocido como “El Gallego R.” era el alma de una familia que se había asentado en el barrio de Lawton. Sus cinco hijos, cuatro hembras y un varón, corrían por San Mariano arriba y abajo y jugaban en el parque Butari, donde se conocieron mis padres. El Gallego nunca aceptó la expropiación y el socialismo, y subsistió con su gran sabiduría de albañilería y obra, y nada más. Lo metieron preso a merced de la famosa “Ley del Vago” pues nunca accedió a trabajar para el gobierno. Se quedó sin materiales ni trabajadores, pero nunca dejó de traer la comida a la mesa ni en su casa faltó alegría. Trabajaba día y noche, sin fines de semana y sin descanso, siempre había una cocina que arreglar, una pared que macillar o “dar el fino” (en lo que era un experto), unas columnas que apuntalar, un portal con ladrillos que “curar”. Y siempre había una mano amiga que sabía a dónde podía ir a buscar sus materiales y su gente. Con el tiempo lo dejaron en paz. Era un hombre honesto, de principios y buen amigo. Respetado en la familia, en el barrio, y en su profesión. Los vecinos lo buscaban para un consejo, para una ayuda con el hijo adolescente, para un préstamo eventual. Comía en algo a lo que yo le llamaba “palangana” porque comía como un tigre, y dormía en un banco de madera sobre ladrillos y su almohada era un tronquito donde rus rizos blancos y coposos se enredaban, y que él mismo se fabricó para enderezar la columna, decía. Conservaba para trabajar alguna reminiscencia del traje tradicional gallego, unos pantalones bombachos y cortos por debajo de la rodillas que por aquel entonces se los hacían de saco, y de otras telas blancas y se amarraba una cinta ancha a la cintura, azul o negra, no roja como él decía era la tradición, pues con ese color no quería relación. Y Algunos amigos zapateros le hacían sandalias y mocasines. Los días de descanso y de fiesta vestía su atavío de pantalón y chaqueta de lino beige, almidonado y bien planchado y se tomaba unos minutos para colocarse, con deleite frente al espejo, su sombrero de paño, blanco con cinta negra o al revés, que conservaba en caja original, regalo de su padre. Siempre llevaba pañuelo, y nunca billetera. Los dineros iban en billetes organizados, prendidos a una presilla de plata con sus iniciales.
![]() |
| Abuelo (a finales de los 70). Asi le llamaba yo. |
![]() |
| Abuelo, con tia May. |
Mi abuelo “El Gallego” era un hombre hermoso, apuesto, alto, vigoroso, con una amabilidad y dulzura tan cordial como enérgicos eran su genio y su voz. Gozaba de un sentido del humor contagioso y siempre nos quiso y nos abrazó como a bebés. Cayó de andamios, se fracturó huesos, sufrió infartos, y cada vez se levantó y volvió a la obra. Son muchas las casas de los barrios de La Víbora, Lawton, El Mónaco, Luyanó, El Sevillano, Santos Suárez, Vista Alegre, que conocieron el trabajo de sus manos y guardaron su regocijo y su devoción por una obra decorosa. Se consideraba Masón por legítima sucesión, colaboró con su familia en la Casa de Beneficencia y en el Hogar Nacional Masónico y aunque de esas raíces también lo alejaron nunca dejó de proclamarlo. Aunque no era practicante, ayudaba cada vez que podía en las iglesias del barrio componiendo alguna quiebra. Murió joven. Y recuerdo ese día de 1991, un pueblo era aquel dolor, no había visto yo así tanta gente en un evento como este, en la calle, gente conocida y desconocida, joven y no joven, una multitud que me hizo sentirme orgullosa y me recordó aquellos días de correr por el barrio en que un niño decía, “esa es una nieta del Gallego”. Yo no viví con él porque yo quedé enganchada del lado de los Montescos, pero eso nunca importó, siempre estábamos toda la muchachera junta, metiéndole las manos en los bolsillos para sacarle las monedas para comprar durofrío en la cafetería frente al cine San Francisco.
viernes, 30 de septiembre de 2011
Concurso de Fotografia Social
El sitio Voces Cubanas creó un concurso de fotografia social cubana y han extendido la fecha de cierre. Como no aclaraba, al menos cuando yo lo leí, que era para residentes en la isla envié mis fotos. Orlando Luis Pardo L. muy rápidamente me respondió y agradezco mucho su amabilidad, aclarándome este punto y que no obstante publicarían mis fotos en un aparte que harían para invitados. Ya ustedes las han visto antes por esta mi casita, pero bueno, esto de que a uno le reconozcan su fotico además de la familia y los amigos, tiene su gracia, ¿no? Sobre todo, cuando se trata de la realidad de nuestra isla.
Ojalá muchos de los compatriotas allá puedan participar. La voz de la Libertad tiene muchos sonidos.
Etiquetas:
Cuba,
Diarios,
El Blog,
Mis fotografías,
Notas Damas de Blanco,
Viajes
La cartera de la tia...
La tía llego con su cartera medio vieja, para poder regresar con una mejor, encargo de mi hermana y sobrina. Después de abrazos, regocijos y bulla, abrimos la cartera sobre la cama. "¿A ver qué trajiste ahí que pesa tanto? “Un regalito de C. para mi, ¡qué lindo!, ¿Rolos? ¡Mijita eso te lo podía comprar yo aquí! ¡Fotos! Ay mi madre que rico, fotos viejas de mami, los tatarabuelos, la familia de Lawton, mira tú yo chiquitica allá en la casa del rio… y ¿esto que es en este sobre? ¿Pesos cubanos? ¿500 pesos cubanos? Pero tía y ¿esto para qué es? ¿Qué tú haces con 500 pesos cubanos aquí?"...
y ella : "Ay mija no se, para cualquier cosa, para ayudar en algo, no se"…
¡Júa! ¡Di tú!
Y mi marido “¡oye suegrita ten cuidado que a lo mejor traen comején ..."
La pobre, no entendió na’…lo último que pensaba yo era encontrar en esa cartera esos papelitos gastados con la cara de Calixto García y Camilo Cienfuegos…ya ni los recordaba bien, porque la verdad es que yo de esos nunca tuve muchos...
P.S. Un poquito atareada estos primeros dias, pero los leo de vez en cuando, ya vuelvo.
y ella : "Ay mija no se, para cualquier cosa, para ayudar en algo, no se"…
¡Júa! ¡Di tú!
Y mi marido “¡oye suegrita ten cuidado que a lo mejor traen comején ..."
La pobre, no entendió na’…lo último que pensaba yo era encontrar en esa cartera esos papelitos gastados con la cara de Calixto García y Camilo Cienfuegos…ya ni los recordaba bien, porque la verdad es que yo de esos nunca tuve muchos...
P.S. Un poquito atareada estos primeros dias, pero los leo de vez en cuando, ya vuelvo.
lunes, 19 de septiembre de 2011
"Alegria... y una mas pal' bote"
Ya llego el día del viaje, después de la ultima negativa (y su primer viaje hace cuatro años), esta vez “los americanos le dijeron que si”. La otra agonía fue la espera del pasaporte visado, casi ocho meses. Esta noche en mi casa de la calle 15 hay tertulia nocturna y ruidosa. Las viejucas amigas, los vecinos, los amigos de mi hermana, los muchachos del barrio pasaran por allá para darle un beso y decirle “que la pases bien en la yuma”, “no le hagas caso a M. (que soy yo) con eso de la comida saludable y esa muela, tú llena el tanque ahora que en unos meses no se sabe…” Esta noche en la terraza de mi casa de la calle 15 el alboroto, las risotadas y los cuentos acaban cuando mi hermana saque a todo el mundo para afuera con un “caballero a dormir que mañana tenemos que madrugar pa’ ir pal’ aeropuerto.”
![]() |
| Tia y yo |
Tía viene sin nada en mano. Solo su cartera, con sus documentos y un “blúmer en una jabita por si se me sale un chorrito del nerviosismo, tú sabes”. ¡Ah!, y muchos papelitos con números de zapatos, tallas de ropa y pedidos de medicinas y accesorios. Tía está contenta porque volverá a ver los días de reunirse por Acción de Gracias, la fiesta de la Navidad, la cena de Noche Buena, las celebraciones de fin año, todos los festejos que un día allá en la isla se apagaron de un solo leñazo. Ya esta soñando con un Mac Donald y el batido de Oreo del Chick-fil-A, y los viajes al Mall, y sobre todo con lo que más le fascina: las luces, las avenidas, los puentes.
Y nosotros también estamos de fiesta, porque ella viene y lo disfruta, porque estamos juntos y la familia crece y sobre todo porque es la mejor manera que tengo de devolverle todo el amor que me ha entregado toda su vida, todos los cuarenta y dos años que me ha dedicado sin mirar a atrás ni un solo segundo, ni siquiera la noche que nos despedimos en esa terminal 3 de la Habana. La primera vez que nos separábamos sin saber la fecha del reencuentro.
![]() |
| Tia y yo |
Tía tiene setenta y tres años pero hace rato que no ha querido cumplir más. Cuando mami murió el vacío que se le sembró en el pecho en pocas semanas lo reemplazó con la horrible realidad de un cáncer de seno. Cuando llegó aquí conmigo en Noviembre del 2008 era una pasita consumida, sin pelos y más quemada que mis tostadas de tanta radiación. Pero se recuperó y le dio una patada al desconsuelo tan grande que lleva a mi hermana a la una mi mula con tanta malacrianza, pues ahora “con esta edad y con lo que he pasado, no cojo lucha ni estrés, y vivo el día a día, disfruto cada minuto” con lo cual le puso el cuño: “ahora me toca a mí que me atiendan”.
Van a ser unos meses buenos, ocupados, pero reconfortantes. No hay nada mejor que saber, que además de las remesas, las cajitas, y la medicinas, puedes entregarles algo más valioso, volver a vivir los días del alboroto familiar, las noches recobrando memorias y boleros, los niños de casa compartiendo un abuelo, y esta indestructible sensación de culpa dejándome un poco en paz.
| Mi mami, mi tía y mi Picon unos años antes de yo llegar. La mejor familia que hubiera deseado siempre y que volveria a tener a mi lado si fuera posible. |
Etiquetas:
Cuba,
Diarios,
Mami,
Mis fotografías,
Recuerdos
lunes, 12 de septiembre de 2011
Black out
Se llamaban “apagones”. Con el tiempo, el rigor, y el desamparo el pueblo marginó este sentimiento y comenzó a nombrar los “alumbrones”. Estar totalmente a oscuras en el calor abusivo del verano habanero, sin más ropa posible que sacarte, el estrés para desconocer que ya diste tres mil vueltas a la cocina buscando que comer mientras te mantienes alerta al diabólico sonido del aleteo de las cucarachas voladoras es la imagen más atroz que recuerdo de aquellos terribles años entre 1990 y 1995. Días enteros, noches enteras. Y como todo sucedía en nuestra isla, el “apagón” se hizo ley, y lo que se hacía ley era bueno para luchar contra el imperialismo y subsistir. Y llegaron los “apagones” planificados, por áreas, municipios, sectores, horas, días y ¡Oh alegría, días libres de ellos! Todo masticadito en el periódico para que te preparas con antelación. Recuerdo en mi último año de carrera a la profe L. de Economía Política cuando dejaba la tarea: “Oigan la gente de Playa y 10 de Octubre recuerden que los toca apagón esta noche, así que empiecen temprano a estudiar, no quiero inventos para la próxima clase, están avisados….” Y yo me iba con aquel mal sabor de no poder agarrarla por el cuello.
Sí señor, estábamos avisados. Que era lo mismo que mira a ver a qué hora le plantas la zambumbia a la gente en la mesa (que por muchos años eran recetas todas relacionadas con col) o si tienes la dicha de ver la novela brasileña esta noche, y a qué hora te levantas para llenar los tanques y cargar el cubo de agua para el baño, o a ver si estudias tempranito antes de irte a la escuela, o si esta noche podremos tener sexo en medio de este vaporón insufrible y ventanas abiertas y vecinos en los portales, y luego “caete pa’tras” cuando llegue el recibo de la electricidad.
Yo era joven y acarreaba conmigo el ímpetu de la resistencia aunque en sus últimos y finales estertores. Pero hubo días infames, los odié con toda mi alma, lloré por hambre y por consternación. Y aunque a muchos les parezca que el mundo tiene cosas peores que ver, en aquella hora en aquel cuarto mío, en aquella sala con la familia en medio de conversaciones donde no nos veíamos las caras durante horas ni podíamos dar un paso ni llevar a mi abuela al baño, sentía que nada podía ser peor, hasta que aparecían las desgraciadas cucarachas voladoras para hacerme sentir más pequeña, impotente y desmoralizada de lo que ya era.
Uno de esos días en que no se dormía amanecí tirada en el piso de mi cuarto y en cuanto apareció la luz de la mañana algo había cambiado definitivamente en mí. Aun no sabía que era. Agarré mi vieja y destartalada máquina de escribir, regalo de nuestro querido amigo A. el día que su abuelo pensaba tirarla a la basura y comencé a borronear como demente lo que me dejó la noche. No era un poema, que no soy yo poeta, pero al cabo de los años me di cuenta que había sido entonces la esencia del cambio, la catarsis, el día que aquel desgraciado apagón me devolvió definitivamente a la realidad, la que aun yo no quería aceptar, y todo el mundo en que yo había creído se me vino encima. Estaba triste. Era el mundo que mi abuelo me había regalado. La caída fue dura, de golpe y pendiente, pero de esa todos nos hemos ido recuperando.
Y bueno ahi les suelto otra de mis cositas personales y que hoy le dedico a mi esposo.
“Black out”
(1993)
Únicamente tenemos nuestros propios deseos.
Hemos perdido las palabras
Ya no podemos nombrar siquiera la tristeza
la desesperación
el enquistamiento
la vergüenza.
No me preguntes cómo ni cuándo ni para qué.
Sobrevivo de la ternura el rocío el sol
porque sin más aviso que el haberme despertado
me vino encima la violencia y el desgarramiento
no tuve más vocación ni voluntades, quedé tropezando y temiendo
al borde o lejos de todos los caminos.
Por suerte en estos tiempos de desamparo
estoy enamorada.
Al menos no cargo encima siempre
Noches sin descubrir estrellas
o mañanas de horribles torpezas
o muchas tardes sin reclamos de mi corazoncito necesitado.
Todavía no auguro des-llamadas o des-recuerdos
porque aun tengo pecho para repetir su nombre.
Pero aunque no se me ha muerto la esperanza
se sostiene la injusticia de aquellos
que también están al borde o lejos
de todos los caminos
y que además, en estos tiempos de desamparo
no están enamorados.
Que no pueden compartir serenamente las batallas
y estos primeros pasos
y que tienen en su rostro los más absurdos
síntomas de muerte.
No estoy segura si todo ha de ser
exactamente irrepetible
No sé si se trata de elegir o inaugurar
no sé si la barrera estallará como un relámpago.
Yo estoy finalmente, enamorada y perdida
en esta tierra que se está tornando demasiado áspera
en esta ciudad donde el silencio atrapa
a los que trabajan para cumplir solo con la mitad de su agonía
En este pedazo de mi misma
donde me aguarda por instantes
un sueño desprendido
y una verdad intocable
¿No podría ser acaso de otro modo?
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Cartas I
“Cuídate”
Para todas las mamás que nos escribieron cartas, que nos enviaron sus palabras dulces cuando estábamos lejos para arroparnos un poquito más.
Erase una vez…que nos escribíamos cartas. Y dependiendo de la marcha del correo que casi siempre equivale a la marcha del país, esperábamos la vuelta por mucho o poco tiempo y escuchar el silbido del cartero a la par que te llamaba por tu nombre era un momento de alegría. Hace menos de veinte años en mi ciudad era así. El cartero de nuestro barrio lo fue por tiempos inmemoriales. El mismo señor de piel oscura, radiante calva y ojos medio chinos, banderín de la mezcla criolla que me inspiraba lástima al verle “dando tanto pedal”, lejos de mi mente por entonces que más temprano que tarde terminaríamos todos encaramados en aquellas bicicletas chinas que pesaban mas “que un matrimonio mal lleva’o” según el decir de mi abuela. El traía cartas, telegramas, algunos “recibos” y el periódico diario. Me trajo las cartas de Lissette que eran vigiladas por las “autoridades del CDR”. Me llevó cartas de algunos amigos en la época en que se iban a estudiar a la antigua Unión Soviética o partían a Angola por aquellas causas que nunca entendimos bien. De algunas amistades que a falta de teléfono enviaban alguna misiva. De mi esposo cuando estuvo lejos.
También nos escribíamos cartas que nos llegaban de mano en mano, con un amigo de un amigo, con alguien “que va pa’ La Habana”. Estas los padres las recibían con el corazón en vilo, pues venían casi siempre desde las “becas” o las escuelas al campo, desde sitios lejanos del calorcito de casa, desde el fondo de la isla donde a veces no había ni como llegar. Y por esto tuve la dicha de escribirme cartas con mi abuela. Cuando nos íbamos a la escuela al campo, los padres que no tenían carro propio, que eran la mayoría, se juntaban para “resolver” guaguas de centros de trabajo y pagando por asientos hacer viaje a los campamentos. A veces, no alcanzaba el dinero para más de un asiento, a veces había el dinero pero había que ser justo y que alcanzaran los asientos para todos los padres. Esta situación se agravó mucho para nosotros cuando nos enviaban a las tierras de Sandino, allá en Pinar del Río, uno de los lugares más recónditos de la isla y con difícil acceso. Para mi abuela de más de setenta años no era tarea fácil. A veces solo podía ir mi tía que contra todas las banderas luchaba algún espacio para llegar. Llegaba con la comida caliente del día, cargada de latas y chucherías para la semana, sábanas y toallas limpias, ropa con olor de la casa y algunas cartas. De mami, de mi hermana, y de algunas amistades. Y entonces allí tiradas bajo algún árbol que nos diera sombrita, mientras saboreaba la sazón de la cocina de mami, escuchaba las novedades del barrio y respondía las cartas.
Hace diez años, cuando me di cuenta que salir definitivamente de mi país sería la única opción, y con la incertidumbre del arranque que nos procuran me llevé al patio dos grandes bolsas de cartas, notas y diarios, y las quemé. Me quedé con todo lo que tenía que salvar para continuar siendo la persona que soy. Las cartas de mami andan cerca porque la mayoría de las veces releerlas me hace sonreír, y aun los días que me plantan una piedra en el pecho no dejan de recordarme que sin importar absolutamente nada hay amores en este mundo que nunca levantarán velas. Leerlas es volver a tenerla conmigo. En su caligrafía, en sus mensajes, en sus dichos se adivina su ocurrencia, la bondad y el amor, todo lo fue su esencia. Nosotras sus nietas, su familia, vivimos repletas de ese orgullo cada día de nuestras vidas.
Esta es una de las que más me gusta. Simple, humilde, armoniosa, desvivida, ocurrente. La parte subrayada, por ella misma, siempre me saca una larga y húmeda sonrisa.
Etiquetas:
Cuba,
Diarios,
escuelas al campo,
Mami,
Recuerdos
jueves, 1 de septiembre de 2011
Los tres mosqueteros
Para Willy y Juan A. y toda esa familia que quise tanto.
Tenía tiempo madurándolo y finalmente lo hice. Le metí mano al estudio que ya era como decir “el cuarto de las papas”. Papeles por archivar, recortes de mis páginas de fotos, “files”, libros por colocar en el librero, una barahúnda donde solo yo logro encontrar algo. Me conquisté un tremendo dolor de espalda y un regalo para la memoria. Estos éramos nosotros, los tres mosqueteros de la casa del río.
![]() |
| A la izq. Juan A., a la derecha Willy y yo en el medio. |
Ellos todos eran cuatro pero Willy, con sus hoyitos perennes al sonreír y sus ojos chinos, Juan Antonio, siempre feliz y dispuesto, y yo teníamos la misma edad. Íbamos y veníamos juntos de la escuela, donde la abuela de ellos, la abuela Evelia, trabajaba en la cocina y nos conseguía leche tibia para que comiéramos mejor. La familia había venido del oriente de la isla y aun se les notaba en el cantaito al hablar. Vivían en los antiguos cuartones de empleados en la parte baja de la explanada de la propiedad pero que luego la Revolución repartió y ya no era nuestra. Nuestro edificio de propiedad horizontal tenía tres pisos. Vivíamos en el primero encima de los garajes y de los sótanos donde coexistía Elizardo el encargado que ya no lo era más pues “la Revolución” eliminó esos “trabajos de criados” pero que no tenía otro refugio y se quedó viviendo de la caridad de los inquilinos.
Nuestro primer piso era muy alto. Se asomaba, a través de ventanales circulares inmensos que imitaban la forma de la proa de un barco, justo a la rivera del río, montado encima de lo que llamábamos “el precipicio”, a donde teníamos prohibido ir. El tal “precipicio” era solo un poco de roca alta donde se insertaba una escalinata de piedras que llevaba hasta la orilla del río, con un descanso a mitad de camino donde estaba la piscina con su bar, que poco a poco se fue cubriendo de herrumbre, enredaderas, moho y nido de animales, ya que mantener aquello en uso era “rezago del pasado”, “actitud burguesa” a la cual ya no nos ataba nada.
Todo esto era terreno libre de aquellos tres mosqueteros a los que en muchas ocasiones les faltaba un integrante. Yo los miraba correr y jugar desde el balcón lateral que daba a la explanada bajo la vigilia de mami por las persianas de la cocina. Mi abuelo, con sus hierros a cuestas y celado en su sillón de paralítico, me veía y me decía “vete niña vete a jugar con esos dos, no le hagas caso a esta vieja loca que te quiere tener encerrada como a mí”. El día que me dejaban bajar salía yo como bola por tronera escaleras abajo gritando ¿“Willy, Willy, Juan Antonio donde están?” mientras mami increpaba “no te vayas a subir a las matas, no bajen al río, no se asomen a...”pero ya andábamos los tres como locos de contentos ingeniando el próximo episodio que casi siempre incluía alguna fechoría para mí.
Siete años los habitantes de aquellos cuartones fueron nuestra familia. Los quise tanto que cuando tuve que salir de allí con mi velocípedo rojo a rastras se me descolgó algo tan adentro que estuve días enrollada como un gusano en la cama de mi mami de donde solo me sacó la abuela Evelia que vino a visitarme varios días. Eran ellos los que nos ayudaban en los peores momentos de Picon cuando odiaba esa mitad de su cuerpo muerto y echaba espumas por la boca y cuidaban de mí los días que ellos estaban de hospital. Eran nuestra compañía diaria, nuestro intercambio de platos con dulces de leche y natillas, las sonrisas que nunca faltaban, los buenos días y las buenas noches.
Para los buenos y los malos ratos, para planear un juego, una inmediata aventura, la búsqueda de un nuevo escondite para lanzar flechas a nuestros leones imaginarios teníamos la piedra grandota a la entrada del camino al precipicio a donde yo bajaba temblando por el desafío. Allí nos sentábamos los tres bajo la sombra de los árboles, allí nos llevaban las meriendas y allí nos tomaron estas fotos.
Con ellos me partí la ceja deslizándome en el velocípedo escaleras abajo, con ellos me aterré a la orilla del río mientras Juan Antonio quedaba atrapado entre las hiedras medio ahogado y Willy trataba de sacarlo con un palo, a ellos los vi caer de las matas de mangos y romperse los huesos sin quejarse de dolor, con ellos aprendí a leer y escuché las primeras malas palabras. El tiempo nos dejó desperdigados. A Willy lo vi por última vez mientras yo trabaja en una de esas escuelas al campo, y él se afanaba cerca con un grupo de presos. Fueron días buenos, conversamos y recordamos las historias de la familia y la niñez. Ahí estaba por haber intentado salir ilegal del país, en una balsa. Luego supe que finalmente en el 1994 logró irse a la base de Guantánamo. Nunca más he oído de él. A Juan Antonio lo veía más a menudo ya que por esos azares de la vida dos veces estuvo de novio con dos amigas. Hace poco supe que murió de cáncer de gargantay su recuerdo irrumpió otra vez con aquel mismo dolor del día de la partida de la casa del río. Y no supe que hacer.
Pero soy feliz cuando pienso que tuve estos amigos a mi lado y que nuestras caritas aquí valen más que toda esta parrafada.
Etiquetas:
Cuba,
Diarios,
Mami,
Mis fotografías,
Recuerdos
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


















