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jueves, 10 de junio de 2010

Te extraño

No me alcanza con creer que vendrás si el sueño me abandona. A veces necesito tu mano, el roce de todos los días. Quiero la presencia de olores y respiros. Te extraño. Aun cuando el tiempo se ha llevado las ganas imparables de llorar, los abruptos dolores de pecho, y el nudo sinfín de mi cuello. Te extraño. Creía que a esta edad, los años de ausencia, la experiencia, la vida y la muerte nos convertían en adultos para todo. Pero no paro de extrañarte, como una niña enrollada en tus piernas después de un resfrío quejumbroso, solo deseo que estés, que pases tus manos por mi espalda cansada y me digas que todo estará bien. Vivo con un trozo de mí buscándote. A veces con el regocijo de los recuerdos, otras con el arbitraje de las culpas. Yo sé que me has perdonado el mundo que no te di y los días en que buscarme se tornaron esperanzas abatidas. Yo sé que llevas contigo todo el amor que no convertí en abrazos y todas las palabras que no dije. Pero no me consuela todo lo que sé. Necesito tu mano, tu voz que siempre era el sonido de la gracia, de la paz. Necesito que me busques, que me halles si no logro zafarme de estos días, que me traigas, con el afán que siempre está en mi alma, una taza de leche caliente que abrigue por un rato esta tristeza.