jueves, 16 de septiembre de 2010

Ricas y famosas…

y amadas…Era la edad de pretenderlo. Mis recuerdos de aquellos sueños están llenos de ternura, de alegría, de gozo. No había nada de superfluo o mezquino, nada de tóxico ni presuntuoso, eran solo eso: sueños de adolescentes. Fantasías que nos endulzaban, nos aletargaban y nos alejaban por unos momentos de la escuela, las normas y el advenimiento de las responsabilidades. ¿Quién no lo vivió?
A mí, personalmente, no me importaban demasiado los finales felices, siempre que la película desbordara pasión, revelara arrebatos y me dejara seca de tanto sollozo. Estas fueron dos de la década de los 80 que veía una y otra vez. “Ricas y famosas” fue una de las imaginarias vidas que tendríamos una de mis mejores amigas y yo. Nos sabíamos cada escena, cada diálogo, cada abrigo de piel, cada pelea que durante veinte años libraron juntas y alejadas, pero manteniendo su amistad firme, fieles a las promesas que se hicieron en su juventud, y viviendo cada circunstancia con mucha intensidad.


Y qué decir de la angelical Amy Irving, queríamos ser tan bellas como ella, tan sordomudas como ella en “Voces”, donde interpreta una enamorada bailarina que finalmente triunfa en su profesión y en el amor de la mano del músico Michael Ontkean, al que nunca mas volví a ver. Un triunfo del amor en dos mundos diferentes: la música y el absoluto silencio.

martes, 14 de septiembre de 2010

¿Qué soy sino lejanía?


Donde habitaban las páginas trilladas estás tú.

Maratones de ausencia presagiaron
las letras que perpetuamente
se llevaron tu voz.
A través del cristal el sonido del agua
soy todo lo que dejaste tocar, todo lo que renunciaste sentir.
No volvieron las tertulias los cigarros la marea de gritos.
Todo fue la misma cosa, simulacro, quimera.
No es la voluntad lo que descansa sobre el muro
es la vida
y nada más.
Tarde para murmurar más arrojos, bravuras
defenderme con la avenencia del alba
¿Qué soy sino lejanía, el desconsuelo en pedazos
la congoja de otros, el recuerdo de una ola
el rostro mío en tu espejo?
Este libro me sacó del mundo y te repuso
estas páginas trilladas donde estás y no
lejanas aventuras de mar y sonidos
donde arrojamos todo
y nada.

      

miércoles, 8 de septiembre de 2010

La otra (X). Una carta sobre las aguas del río.

“Cada vez que tienes la oportunidad de hacer alguna diferencia en este mundo y no lo haces, entonces estás malgastando tu tiempo en la Tierra”. Roberto Clemente.

Siempre le llamé Picon. Dice mi tía que porque los escuchaba decir a ellos Pipo.

Yo te conocí así, hemipléjico y temerario, increpándole al mundo tu molestia y tu inconformidad. Por esa vez nada podías lograr con tus ideales, no te harían regresar a una vida normal, no te harían volver a caminar. Así que todos, menos yo, pagaron las culpas y sintieron el peso de tu voz y tu tormento caer sobre sus cabezas como martillazos imparables. Tu travesía por esta vida fue corta pero firme. Eras noble y vehemente, te casaste con la mujer que amabas, fundaste tu familia y guerreaste preservando los ideales por los que creíste que el mundo sería un poco mejor. Los mismos ideales que con cincuenta y cinco años te abandonaron derribado en un monte, luego en una camilla en un salón de operaciones, en hospitales tratando de rehabilitarte y finalmente en una pequeña cama en el cuarto de criados jugando a la magia con tu nieta. Guerreamos juntos por doce años más, procurándonos, el uno al otro, horas de esparcimiento mientras mami deambulaba en la cocina, disponía comidas, lavaba la ropa de todos y atendía a cuanto vecino llegaba. Nuestro mundo se llenó de libros, monedas conseguidas de las orejas, juegos de cartas, frases comunistas y algunas historias mal contadas. Escasas visitas, dolores raídos en tu alma, acumulados como trapos viejos, húmedos y fétidos. Los peores días emergía una espuma blanquecina por tu boca mientras yo corría desesperada a la casa de abajo donde ya me esperaba resguardo. La rutina emergía cada mañana porque la rutina, como tu decías era la que hacia la vida de un hombre. Las cuentas, el trabajo, la entrega. “...Llevé el cine a lugares donde nadie ni sabía que existía, luché y aguanté cárcel por esta Revolución, me fui al despacho cada día para trabajar para... sin importarme noches, ni domingos, ni nada, cuidé de todos los presos allá en La Cabaña sin maltratar a nadie, ayudé a sus familias, y me fui allí a buscar lo que ... quería, y mira tú…ahora quién se acuerda de nada de eso, hecho una mierda yo aquí tirado…Hilda, Hiiildaaa…si agarro la pistola chica te juro que me mato...” Nunca te vi sonreír.
Mami te alimentaba cucharada por cucharada, te arrastraba con todos aquellos hierros en tus piernas hasta tu silla de ruedas, reía contándote historias, montando una conversación trivial para sacarte la ganas de vivir y tú no te inmutabas, desparramabas tus amarguras con todas tus fuerzas y la dejabas exhausta. Pero como nada la vencía se sentaba en el sillón de madera a tu lado de la cama, me cargaba y yo me dormía en sus brazos escuchando los murmullos de tus pendencias y el susurro de su tarareo sintiendo que estaba protegida. Mis dos guerreros blindados a mí alrededor, con sus panoplias y escudos cuidando el sueño de la amada. Cuando te fuiste la rabia me dejó magulladuras. No te vi y no verte fue una angustia penetrante. Pero te escribí cartas, muchas, como esta, que nunca leíste, pero que de vez en cuando me renovaron el sabor de una tarde contigo en medio del ruido de la lluvia haciendo huequitos en las aguas del río, ¿te acuerdas?














(Fotos del  Río Almendares, La Habana, tomadas de internet)

domingo, 5 de septiembre de 2010

Mis fotografías: Guanajay

Después de la última “división político-administrativa” (año 2010) propuesta por el gobierno cubano el municipio/pueblo de Guanajay ahora es parte de la provincia Artemisa. En Guanajay no nacieron los guanajos (como decíamos los niños de la Habana) en Guanajay creen que el nombre se debe al “lugar donde hay el agua” y esta creencia data desde la época de los aborígenes. Guanajay fue fundado en 1650, año escogido después de que muchos historiadores analizaran la documentación histórica disponible pues no se cuenta con un acta de fundación como en muchos otros asentamientos. Es un pueblo grande, lindo, rico culturalmente, con tradiciones llenas de apego a la tierra, a la comunidad, a la familia. Yo estuve hace poco, después de un montón de años. Allí nacieron, vivieron y se casaron mis suegros hasta que la “Revolución” les entregó su apartamento de tres cuartos allá en los edificios de “cajas de fósforos” de San Agustín.

El territorio de Guanajay lo atraviesa una cadena de pequeñas montañas conocidas por El Jobo, que dejan distinguir el bello paisaje de la campiña cubana y los siempre asombrosos palmares nacidos en las laderas de las colinas y extendidos a campo traviesa. El Río Capellanías baña la zona y a su alrededor crecieron las primeras poblaciones. Durante muchos años se ganó el sobrenombre de la Atenas de Occidente por su auge cultural, desarrollo literario, florecimiento de publicaciones periódicas, y un notable crecimiento urbano. Era un pueblo próspero, según me cuenta la familia.

Hoy lo que he visto es lo que les dejo aquí. Entramos al pueblo por la primera entrada, conocida como la “carreterita del ojo del agua” , viniendo de San Agustín por la calle 25 y tomando “la autopista” o “seis vías”. Esta entrada nos acorta el camino hacia el reparto “Gelabert”, donde vive la familia. No tengo fotos del centro del pueblo, del parque, la Iglesia o el Teatro, donde siempre las antiguas y exquisitas construcciones aun dejan ver la belleza a pesar de la realidad donde se encuentran. Pero tengo estas fotos, que me dicen otras cosas. Para la gente de Guanajay, y del reparto Gelabert.


miércoles, 1 de septiembre de 2010

Las chicas del perpetuo desorden...

… regresamos del verano todas resplandecientes y listas para hablar como periquitos. Los libros del verano fueron un éxito, entre las críticas y los elogios. “Mosaico” de Soheir Khashoggi fue una lectura amena, fácil, que nos atrapó sin misterios pero con deseos de conseguir un final mas verídico. A la historia le faltó dramatismo, suspenso, emoción, y diríamos que hasta un poco de realidad. Los personajes pudieron ser mejor armados y tener además de físico un poco de sentimientos. Hubo quien recordó a Corín Tellado, pero una mejor versión, moderna y de problemática actual. La trama, el tema, la historia, es buena pero no lograda. Quedó mucha tela por donde cortar, mucho jugo por exprimir. Pero todas las chicas estuvieron satisfechas de haberlo leído, actualizarnos frente al mapa acerca de Jordania y escuchar algunas de nuestras propias experiencias. El otro libro, sin dudas, solo necesitó de un buen estómago para enfrentarse al morbo del hombre, pero cuando tomas entre tus manos una escritura como ésta, una letra tan aguda y recóndita, una historia que sangra vida por todas partes, uno siente que vale la pena leer: “Memoria de mis putas tristes” de Gabriel García Márquez.
La mayoría coincidió en que es difícil comenzar a leer algo en que desde el inicio sientes que es aborrecible: un viejo verde de noventa años cuya fantasía es tener sexo con una niña de catorce y además, virgen. Aquí, ya estaría en la filita del “dead road”. Pero es gratificante cuando puedes apreciar la valía de un autor exponiéndote en carne y hueso, vívidamente, toda la humanidad y crueldad de un simple viejo lleno de bondad y aberración a la vez.
Además, como siempre, recordamos cumpleaños, cortamos tortas y soplamos velitas, describimos los últimos acontecimientos, referimos todos los eventos familiares del verano, los viajes de vacaciones, el comienzo de la escuela, los hijos que se fueron a college, los perros enfermos, los síntomas de la pre-menopausia, acordamos las próximas citas para ver a A. en el teatro y celebrar el cumples de R., y las próximas metas, entre chistes fríos y calientes. En dos semanas nos vamos a reunir para seleccionar los nuevos libros del año 2010-2011, como cada septiembre. Esa reunión siempre es buenísima, ver a cada cual tratando de vender la lectura de su libro, y para este año tenemos algunas ideas diferentes, ser más cuidadosos al escoger temas, regiones, tipo de lecturas, por eso andamos releyendo las listas históricas del Book Club. Nada, amigos, que este club está cada vez más arriba, claro sin perder nuestro carácter: el perpetuo desorden de las chicas.

Nota: Se aceptan sugerencias. ¿Has leído últimamente algún libro que nos debas recomendar?
Otra nota:“los eventos familiares del verano, los viajes de vacaciones, el comienzo de la escuela,… los perros enfermos, los síntomas de la pre-menopausia",…entre otros me han mantenido un poco alejada de este lugar que tanto me gusta. Las aguas van tomando su nivel y yo seguiré por aquí. Gracias a los amigos que me han preguntado. No, no estoy vaga, ni he dejado de tener ganas de escribir, ha sido solo eso…algunos días.

martes, 24 de agosto de 2010

Yo siento...

Para J.A. que ya no está, por todos los años en que hacernos grandes nos hizo cambiar.
Para F. porque la esperanza no tiene dueño y la libertad de atesorarla será solamente tuya.

Por estos días, con el calor y las condenadas noticias…algo dentro de mí se ha pulverizado como un diente de ajo en el mortero, algo en mi dejó de ser entero, íntegro y se ha estrujado como una pasita lista para el pudín. Lo juro. Parecerá que ironizo pero no lo hago. Y no quiero hacer ninguna limonada con este limón. No encontré las palabras que quería, no dije que siento fatiga de todo este poco de dolor y crujido. De la infancia nos queda lo intocable, la simplicidad y el albor: el precipicio de piedras para llegar a nuestra orilla del Almendares, la piscina vacía donde tirábamos ramas y semillas de mangos, la casita del perro donde la tragedia sorprendió a todos, la gran entrada en arco donde jugábamos a esperar las panteras y leones para tirar nuestras flechas imaginarias, el camino a la escuela lleno de marpacíficos que desmenuzábamos para hacernos trompitas y tu abuela esperándonos en el comedor para darnos un vaso de leche antes de entrar al kínder. No nos podremos hurtar, pase lo que pase, los días de las casas de campaña con sillas y sábanas en la terraza de tu casa, allá donde “el fresco era mejor pero el lugar peligroso” como decía mami. La pelea interminable por el velocípedo y los patines de hierro, la tía Edelmira trayendo empanadas de queso de “La Cocinita” y el corre-corre con los perros en el patio de la casa. Lo intocable, lo cándido, la aurora, se tornó un fragmento, una porción de nosotros. Así es, cada cual sigue su camino pero nada nos factura la felicidad de haber sido niños, repletos de entusiasmo y emociones frágiles, nada nos puede saquear la valía de haber sido amigos aquellos años, con abuelas repartiendo la vida como caramelos. ¡Qué bueno que tuvimos eso! Y estas cosas que nunca dije. Y ahora cuando me toma de sorpresa y la vida se convierte en un único segundo donde ofrecemos lo que somos, no quiero que sea tarde, pero lo es. Yo quiero que sus alas les devuelvan sus sueños, yo quiero que al menos los lleven allí, a volar sobre el mundo de los niños que fueron, a la calle de los juegos, a los brazos de la familia y de todos los que amaron. Apaciguaré el ramalazo. Para siempre quedarán aquí. En esos años llenos de sonrisas, mímicas, y juegos. En estas viejas fotografías que en mi mano recuerdan un gran chubasco sin siesta.



martes, 17 de agosto de 2010

La fuerza y el coraje de una madre.

Quizás muchos ya lo han visto. Algunos de mis amigos y seguidores no. Aquí se los dejo, lo he vuelto a ver luego del pedido de Amnistía Internacional. No sé que me embarga mas, si el dolor, la rabia, la tristeza, la impotencia…no lo sé. Ojalá todos los cubanos y cubanas tuviéramos tal coraje. Ojalá no hubiera ningún cubano ni cubana del lado de los equivocados, de los injustos, de los ciegos. Ese dia tiene que estar cerca. ¡Bravo por esta madre!





martes, 10 de agosto de 2010

Mis fotografias

Hablando de barrios

Hoy día con alrededor de 35 mil habitantes, la mayoría de procedencia obrera y militares de los años 60. Ahora, con más población joven, graduados universitarios y otros tantos sin ninguna profesión amaneciendo en los “banquitos del edificio” mientras se discute de pelota y cualquier otro chisme sugestivo. La rutina diaria entrecruza habitantes desde las primeras horas en busca del pan diario, llevando niños a las escuelas, alcanzando el P4 para llegar a tiempo al trabajo, colgando ropa fuera de los balcones, y matando mosquitos dando zarpazos con el “pulóver” en la espalda.
Con algo más de 40 años de historia y unos 30 desde que aquellos “edificios construidos mediante el sistema cooperativo de microbrigadas”, más conocidos como “edificios de cajas de fósforos” o “cajones” o “edificios de micro” o “edificios rusos”, surgieran a borbotones y le dieran vivienda a miles de personas necesitadas, sobre todo del sector militar en general, sigue siendo un barrio donde el concepto quedó solo en resolver esa necesidad. Carece totalmente de interés por el diseño artístico, la urbanización no cuenta con áreas de disfrute general de la población como parques, cafeterías, restaurantes, tiendas, cafés, etc.…
Este concepto proliferó en toda Cuba. Así dimos casas a quienes las necesitaban, a quienes no las necesitaban, a los militares cubanos, rusos y de la Europa del este en general que venían a ayudarnos, a los chilenos que huían de la dictadura de Pinochet, y le demostramos al mundo la “eficiencia del Socialismo” para resolver las necesidades del pueblo.

Barrio de San Agustín, Municipio La Lisa, Ciudad de la Habana. Fotos Julio del 2010.


 
 




jueves, 5 de agosto de 2010

La otra (IX)

“Nada, que las cosas así pasaron y así tenían que pasar”. Eso decía ella cuando recordaba aquel primer amor que se fue como llegó, como una nubecita de polvo sacudida. Nunca más supo del artista ni de su madre chiflada, ni sus tíos y primas se atrevieron a contarle que tenían guardados restos de aquella pintura que África creía había marcado la anuencia del olvido. Los días volvieron a ser lo mismo que antes, largas peregrinaciones de casa en casa, bultos de ropa sucia, fardos de almidón, prendas limpias con olor a blanco de madrigal y canturreos de brisa mañanera para aliviar las caminatas y las piernas hinchadas.

En una de las tardes de paseo por el parque conoció a mi abuelo. Poco caso le hizo pues parecía tímido y callado y ya había tenido bastante con un caballero flojo. Vivía también con su madre y trabajaba en la naciente industria del cine lo que significaba que se ausentaba de casa en las noches. Se lo dijo a su prima Delia “no, ese tampoco es para mí”. Pero Norberto encontró espacio, valor, y paciencia para galantearla y resquebrajar ese fingido desinterés por la pasión. Le envió esquelas a través de sus primas y flores con regalos delicados con la vieja Caridad que desde el primer momento miró con buenos ojos al joven “con cara de actor”. Mostraba una cara ovalada preciosa, su mentón pactaba afinadamente con sus labios delineados, delicados, y su nariz agraciada le procuraba un aire de herencia exótica. Sus ojos eran oscuros adornando su tez blanca y un cabello castaño confuso y siempre bien arreglado. Su sonrisa era la armonía perfecta en aquel bello rostro de varón. África quería desatar la guerra in situs, llevarse por delante la expectación, el aborrecimiento, las conformidades, las quimeras, todo lo que luego pudiera absorber otra vez su alegría y mudarla en rencor. Ella no sabía vivir así. Su espíritu franco, su felicidad generosa no se le podía arrebatar a pedazos y a empujones. Norberto batalló esa guerra como una insuperable esperanza de vida. Le prometió de rodillas, cursi y desesperado amarla por siempre y hacerla feliz, le prometió que su sonrisa jamás se borraría de su rostro y le entregó la llave de una casita fresca, con portal, ventanas y barandas, frente al mismo parque donde durante tantos meses él le alabó su vital existencia.

El catorce de Julio de 1937, un día antes de que los japoneses atacaran el puente de Marco Polo e invadieran China y los franceses celebraran una vez más su fiesta de independencia con fuegos artificiales iluminando La Bastilla y mientras en Broadway la tristeza por la muerte del gran músico George Gershwin embargaba muchos corazones, África y Norberto se casaron. Ella me contó que tenía tanto miedo de irse a la casita nueva esa misma noche y de estar a solas con él que le pidió tres días para acomodarse y mudar su indumentaria y los regalos de boda, pues así, ya casada podía preguntarle a su tía que debía hacer. Siempre fue alegre, pero recatada. Conversadora pero reservada. Segura de sí misma, pero atenta al consejo. Eso sí, novelera, novelera….repartía la vida con todos sus cinco sentidos. Ella que tenía sus dicharachos para todo, de esta vieja historia siempre dijo: “Nunca se pierde, siempre se aprende”. Desde entonces él la llamó Hilda.

Vista del Barrio Lawton, Municipio 10 de Octubre, La Habana, Cuba. Foto tomada de Grupo Barriadas de Lawton y Luyano, Facebook.

martes, 3 de agosto de 2010

Del viaje.De lo negro a lo blanco un domingo en La Habana.

Un Kia Carens sucio, con partes de los asientos rotos, casi 100 mil kilómetros, con un olor inmundo, por 120.00 dólares diarios. Otra de tantas estafas. Veníamos de exigir una revisión debido al olor a gasolina constante en el carro. Luego de tres horas de la agencia al taller, de andar la Habana vieja en medio de huecos y escombros, de nadie responder ni los buenos días recibimos la noticia de que “es que el tanque no tiene filtro, no se preocupe que no explota ni nada, por aquí voy a anotar que usted vino”. De vuelta a casa despotricando sin miseria y en busca de calma, las vimos. Un domingo como otro cualquiera en La Habana, un poco de brisa en la 5ta avenida, sol y verde contrastaban y aquellas mujeres deshacían sus pasos con la tranquilidad y la confianza que dan la valentía y la convicción.

Me tiré del carro en cuanto pudimos disminuir la marcha. Salí corriendo con mi cámara en mano y cuando ya las vi venir con sus ropas blancas y sus flores en mano, dispuesta a presionar el botón del disparo quedé inmóvil. A través del lente, frente a sus rostros serenos, sentí vergüenza. Un silencio sepulcral las acompañaba, un profundo mutismo lleno de coraje, se escuchaban sus pasos, la respiración, la audacia. Había muchos curiosos, reporteros y quien sabe que mas…Sentí vergüenza de correr como lo hice para tomar fotos en vez de echar andar con ellas, sentí vergüenza de aquel vecino con el que tuve una de las peores discusiones por decir que “esas son unas descaradas” o de aquella que me dijo “cualquiera camina por 5ta. Avenida por dos mil dólares al mes”, sentí vergüenza por todos los que gritamos en el patio de la casa cuan cansados estamos del hambre y la falta de libertad, por todos los que hablamos en las esquinas con voz baja, o por todos los que nos callamos ante la injusticia diaria.




   
  
No sé detalles, no sé cómo funcionan las organizaciones o cómo ayudan aquí. No lo sé. Solo sé que en el mismo instante en que no pude arrebatarles aquella foto frente a frente, recibí una sonrisa cálida mientras alejaba la cámara de mi rostro y sentí el respeto más profundo ante la grandeza del amor de una hermana, una esposa, una madre.
 
  
Iglesia de Santa Rita de Casia. Se destaca por su nave y su prominente torre (disennada por los arquitectos “Morales y compañía”). Tiene una decoración más sencilla si se compara con las iglesias más antiguas en La Habana. En su interior se encuentra una esfinge de Santa Rita terminada en 1943 por la escultora cubana Rita Longa (1912-2000).

  
Todas las fotos son mias. Tomadas en Julio del 2010.